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Profesional en lenguas extranjeras e Intérprete simultáneo, con especialización en pedagogía de la lengua y la literatura; emprendedor con habilidades para trabajar en equipo y facilidad para interrelacionar con los demás. Destacado por ser responsable, alegre y motivado con las tareas a desarrollar, especialmente con la pedagogía de las lenguas. Carácter dinámico y entusiasta. Capacidad de liderazgo en equipos multidisciplinares. Completo dominio de programas informáticos.

miércoles, 12 de octubre de 2016

INVESTIGACION 3 SEMESTRE-PFC 2

ALGUNAS TEORÍAS PEDAGÓGICAS QUE LE HAN DADO SUSTENTO A LA METODOLOGÍA DE ENSEÑANZA – APRENDIZAJE

Partiendo de la premisa de que no es tarea simple el dotar a los estudiantes de conocimientos, habilidades, aptitudes y destrezas que le permitan desde una perspectiva humanista y aplicando un método científico, abordar la realidad y actuar sobre ella y con ella para su transformación, nos parece fundamental ofrecer el siguiente trabajo. Para nuestros objetivos y una mayor comprensión de los orígenes de las metodologías pedagógicas activas, es imperante recordar que, tradicionalmente el estudiante recibía un bagaje de conocimientos teóricos que luego debía de aplicar a situaciones prácticas. Y no olvidemos tampoco que esta situación se daba en el mejor de los casos, pero que, generalmente la situación no es así; pues a eso habría que sumarle una cierta falta de interés en el estudiante que no permite que esta secuencia en apariencia lógica (no) se cumpliese. Sin realizar un análisis en los puntos en que se basan la mayoría de los métodos tradicionales pedagógicos que coinciden en los métodos lógicos tradicionales; a saber método analítico, sintético, inductivo, deductivo e hipotético, podemos darnos cuenta que la enseñanza hasta hace algunas décadas se basaba exclusivamente en el aspecto cognoscitivo, cuyos aspectos experimentales eran impuestos y no se enlazaban naturalmente como parte de un proceso.

Esta situación indujo a muchos estudiosos a la investigación y práctica de nuevos métodos pedagógicos, orientando la enseñanza hacia enfoques más modernos y acordes a la realidad en que vivimos; en otras palabras, acentuando la identificación “pensar para actuar”, basado en la aplicación del método científico, cual es: definir el problema, buscar la información sobre el mismo, elaborar alternativas, probar las consecuencias y verificación de la definición del problema. Teóricamente, esto parece llevarnos a fragmentar lo menos posible, los aspectos cognoscitivos, afectivos y motores, superando el foco de interés tradicional (cambio cuantitativo del conocimiento) por uno más adecuado a las necesidades presentes (cambio cualitativo de la conducta). El uso de metodologías pedagógicas participantes o activas, se ha considerado como el único medio que puede proporcionar mejores resultados para ayudarle al estudiante a convertir en actos su propio aprendizaje; capacitándolo para que pueda asumir una mayor responsabilidad, creatividad, criticidad y un mayor compromiso total y no solo a nivel intelectual o cognoscitivo, el mejoramiento de sus relaciones interpersonales y para variar su posición como educando; es decir, no ya como receptor, posición que venía desempeñando desde años atrás, sino como emisor- receptor de su propio aprendizaje. En otras palabras, se lucha porque el quehacer educativo se base específicamente en el estudiante y no en el programa de estudios. Basados en las consideraciones anteriores y con las advertencias que hemos hecho, consideramos conveniente centrarnos de lleno en el objeto de nuestro interés.
Ustedes se preguntarán, ¿cuál es el objeto de interés en el presente trabajo? La respuesta no hemos de buscarla muy lejos, no nos creemos expectativas muy altas, lo único que podemos a la presente fecha ofrecer en este trabajo, es un pequeño análisis y la descripción de las bases de algunas de las teorías y estudios de aquellas personas que más horas de su tiempo han dedicado al estudio de nuevas técnicas y métodos en el campo de la enseñanza – aprendizaje. No encontrarán aquí nada definido, nada que no sea a la presente fecha aún objeto de estudio y de innumerables experiencias; sino, por aquellos que las iniciaron, por aquellos otros que siguen sus orientaciones, ya que las teorías que analizaremos a continuación, aún no se han consagrado como dogmas o infalibles. En materia de enseñanza – aprendizaje, trataremos de presentar a ustedes, algunos de los puntos básicos que sustentan diversas teorías pedagógicas, no todas pueden ser utilizadas a la vez, no todas sirven para todos los casos o situaciones, cada cual de nosotros deberá tener presente que en función de la situación a la que nos enfrentemos, debemos realizar en análisis de los diversos marcos teóricos que tengamos a mano o que queramos echar mano, para determinar cuál será el más adecuado a nuestras necesidades y a las necesidades de aquellos a quienes pretendemos ayudar. Para efectos de una mejor comprensión de las diferentes corrientes que hemos de ver aquí, las presentaremos por separado, aunque unas a otras se hayan ido nutriendo recíprocamente



I.           LA NO DIRECTIVIDAD – CARL ROGERS


Aproximadamente en 1939, Carl Rogers, revela por primera vez sus ideas esenciales sobre la no-directividad pedagógica. Estos trabajos se originaron en una relación terapéutica, pero a través de su experiencia los adecuó a una nueva relación maestro- alumno, la cual aparece en sus primeros intentos como revolucionaria por la crítica implícita que hacen del acto de instruir.
En primera instancia y en materia de relación pedagógica, la única que nos interesa para el presente trabajo, Rogers considera que la sola relación posible y deseada entre el maestro y el alumno, debe ser una relación centrada en el auto- descubrimiento. En ella, el maestro no es el que debe vertir conocimientos sobre el educando, sino que debe ser este mismo quien debe descubrir por sí solo los conocimientos de los cuales él tiene necesidad e interés; y la sola intervención del educador será aquella mediante la cual cree las condiciones que hagan posible este tipo de aprendizaje. Rogers mantiene una posición muy clara respecto a la enseñanza tradicional, en la cual, el maestro imparte conocimientos al alumno. Rechaza esta práctica y manifiesta que los frutos recogidos con este tipo de metodología pedagógica están muy lejos de ser los deseados e insiste en que los verdaderos conocimientos, no son ni pueden ser comunicables, que los únicos conocimientos verdaderos que adquirimos son aquellos, producto de nuestras propias experiencias, investigaciones y esfuerzo.
Rogers afirma que la experiencia ajena solo debe servir de guía, pues el hombre no puede comprender y asimilar a fondo sino aquello que emana de su propio descubrimiento y experiencia. De estas hipótesis parte Rogers, para establecer que la relación pedagógica centrada en el maestro y el alumno es la más importante en el acto de instruir y que para que éste sea efectivo, ha de ser centrado a su vez en una verdadera comunicación, la cual a su vez posee cuatro características:
La Autenticidad
b- La Congruencia
c- La Atención Positiva e Incondicional
d- La Empatía

La Autenticidad Para Rogers es esencial y consiste en primer lugar en negarse a ser una simple “fachada”, detrás de la cual nos escondemos los seres humanos. Se preocupa en especial por la ambivalencia que se manifiesta en la gran mayoría de los docentes, cuando; en tanto que personas establecen una relación afectiva con los educandos, pero que en tanto que educadores, establecen una relación esencia racional.

Ante tal coyuntura, Rogers denuncia que el educador lleva una máscara, la dualidad de la persona y la importancia y necesidad de la autenticidad. La autenticidad conlleva y permite la unidad de la persona, redunda en un equilibrio mucho más durable y desde luego aparece la ambivalencia. Solo este aspecto considera esencia el que nos aceptemos tal y como somos realmente; es decir, reconocernos sin juzgar nuestros sentimientos. Visto desde este ángulo, una de las características fundamentales en la teoría de la no-directividad es la autenticidad, porque en su concepto hace posible una mejor relación interpersonal, base de la relación pedagógica rogeriana. Recordemos que desde este ángulo el docente debe ser una persona auténtica ante sí misma y ante sus educandos, un maestro que deberá mostrarse tal es ante sus alumnos si desea establecer una verdadera relación y no desempeñar un rol que provoque en él angustia y ambivalencia, sentimientos que proyectará aún sin querer, en el grupo de alumnos a los cuales se debe. Sin embargo, es menester destacar que la importancia de la autenticidad está presente en toda la obra de Rogers y no sólo cuando la plantea en relación pedagógica o terapéutica; para él la autenticidad es fundamental en el establecimiento de todas las relaciones humanas.

La Congruencia de la persona consigo misma como resultado de la autenticidad, quien no es auténtico consigo no podrá ser congruente ni poseer el equilibrio interno necesario para vivir sin necesidad de mecanismos de defensa entre su yo-ideal y su yo-real. Los resultados de esta nueva personalidad, surgida de la autenticidad y la congruencia son considerados por Rogers en una doble dimensión: a)Aquella en la cual el individuo será capaz de probar en sí mismo los sentimientos que pueden nacer de sí en toda relación y en especial aquella con sus educandos y, b) La relación directa entre el educando- educador que no será en tal caso interceptada por controles de nosotros mismos, ni roles impuestos, ni máscaras, ni aún métodos elaborados o cualquier otro obstáculo que pueda emanar de nuestro interior.

Entre los aspectos que señala Rogers que se desprenden del surgimiento de esta nueva personalidad tenemos la fluidez de nuestros movimientos y sentimientos que surgen, al transformarnos en nosotros mismos y convertirnos en seres con características o manifestaciones de su persona en su real existencia y no en el valor que se le puede otorgar. La Atención Positiva e Incondicional Es la afectividad en la comunicación, si bien ésta se sitúa más que todo en la relación terapéutica que en la pedagógica es importante el considerarla para una mejor comprensión del pensamiento de Rogers.
La atención positiva e incondicional del docente con sus alumnos, está en relación directa con las características anteriores. Una persona auténtica, congruente, tiene más posibilidades de darse y aceptar a los otros tal cual son, sin que existan juicios de valor que entorpezcan esta relación. Es, en pocas palabras, abstenerse de todos los juicios a priori o no de que podamos investirnos en relación con otra (s) persona (s), y sus actos, en definitiva el respeto que nace en mí para el otro, en tanto que ser humano diferente a mí mismo. Este aspecto es tanto más claro en la relación pedagógica en tanto que el educador rechace el “educar o formar” al educando a su imagen, y que todo lo que éste realice sea aceptado como su obra tanto que persona, es el saber comprenderlo y darle confianza para que pueda asumir su propia personalidad. Esta característica la fundamenta Rogers en el amor, amor que permitirá a unos y otros a darse y enriquecerse, a través de una relación auténticamente positiva e incondicional. Este amor es considerado como motor de toda relación, bien entendido, un amor auténtico no posesivo, amor del que nos habla Max Pagés en su teoría sobre la vida afectiva de los grupos y que Rogers explica como aquel en la cual la persona es considerada como tal, libre, fuente de espontaneidad e iniciativa y no un objeto de amor.

La Empatía Una relación que conlleva autenticidad, congruencia y atención positiva e incondicional nos lleva a una relación positiva, más que a una relación racional e inconsciente. Así pues, la relación empática viene en nuestro concepto no tanto a ser una característica más, sino, el resultado de las anteriores, en tanto que conlleva a comprender “el otro”, a saber excluir toda tentativa de análisis o de juicio sobre él o sus acciones, es un dejarse ir en la comprensión de las acciones del otro sin ir o buscar más allá de éstas, es un saber comprender y sentir aquella situación del otro con el otro, pero sin perder nuestro yo. En esta relación pedagógica no será el buscar cuál es la significación, tal o cual actitud, sino, cuál es la significación que él le ha dado. Así pues, Rogers define la relación pedagógica no directiva como la práctica de una actitud permanente de comprensión, gracias a la creación de un clima de relaciones auténticas, a un saber aceptar las ideas de los otros en el momento en que se producen, adoptando sus cuatro principios, repetimos.

- Autenticidad o rechazo de toda dualidad interna.
- Congruencia total real, transparente a través de sus ideas, sentimientos y comunicación con los demás; o sea, la capacidad de asumirse, tal como se es centro de una situación con sus sentimientos positivos o negativos.
- El respeto y la consideración incondicional a los otros y a las situaciones que surjan o emanen de su persona en su real existencia y no en el valor que se le pueda otorgar.
- Una actitud de comprensión, no benévola paternalista, sino de verdadera y completa empatía para comprenderlo tal y como ellos lo comprenden, en otras palabras, es la consideración incondicional de todo lo que expresa y hace el otro

Se puede concluir que el rol del educador en tanto que persona y educador en su relación con el educando, se reduce a la facilitación del aprendizaje mediante una nueva relación. El alumno o educando debe formarse a sí mismo, y tanto el docente como el alumno deben encontrar en sí aquello que les lleve al fin deseado. Esta facilitación del auto- aprendizaje en su significación más profunda para Rogers, vendrá a su vez, a facilitar la evolución del proceso del alumno, so pena de encontrarse en determinado momento en desequilibrio si se retardara esta evolución o el educador no tuviera una intervención activa en la facilitación de dicho proceso. Consiste pues, en saber respetar la complejidad del proceso vital, en el cual el maestro tendrá más satisfacción de ser sí mismo, si permite al alumno ser él mismo. Finalmente, podemos decir que, la no-directividad o método pedagógico rogeriano, no dicta normas, sino que se pregunta constantemente cuál debe ser la actitud del docente en relación con sus educandos, cuestionándose siempre la actitud y no sobre la técnica, para facilitar el auto- aprendizaje y la creación del clima más adecuado para dicha facilitación, proponiéndose comprender al alumno empáticamente, a fin de obtener como resultado final el autocrecimiento libre del alumno.

II. LA DINÁMICA DE LOS GRUPOS – KURT LEWIN


No podríamos continuar el presente trabajo sin hacer un breve comentario de la obra de Lewin y la importancia de sus descubrimientos, sobre los pequeños grupos y su dinámica, así como en especial a la comunicación y las relaciones interpersonales que se establecen en un grupo centrado sobre una tarea. A partir de 1936, Kurt Lewin comienza a interesarse por los problemas de la Psicología Social, ciencia que apenas comenzaba a desarrollarse y tomar importancia en las Universidades Norteamericanas. En este campo de la Psicología Social, Lewin orienta sus investigaciones y trabajos, en un primer tiempo, hacia el estudio y dilucidación de la dinámica de los fenómenos de los grupos pequeños, de dimensiones concretas y existenciales, en contextos de reestructuración o de orientación de acción social. Dentro de esta orientación de los pequeños grupos, estudia el problema de las minorías, estableciendo algunos criterios a partir de su propio grupo judío, tales son sus conclusiones sobre la diferencia entre las minorías demográficas y psicológicas, las minorías privilegiadas y las minorías discriminadas; señalando que las minorías psicológicas, son a su vez, minorías discriminadas o susceptibles de serlo, siempre y cuando su suerte y destino, estén a merced de grupos mayoritarios. Sus estudios le llevan rápidamente al estudio de los micro- grupos, o lo que él mismo define como grupos “cara a cara” y sobre los cuales realiza estudios psicológicos de los mecanismos de integración y crecimiento.

Pronto llega a establecer Lewin que la exploración válida y fecunda de los fenómenos de los grupos debe operarse en el mismo campo psicológico en que ellos se insertan y que no deben de ser construidos a escala reducida en el laboratorio. Señala que las variables de cualquier fenómeno de grupo, a causa de su complejidad esencial, no pueden ser identificados y manipulados más que sobre el terreno y bajo una óptica de investigación social. Dentro del estudio de los micro- grupos, Lewin distingue dos tipos de grupo: ÿ El socio- grupo, centrado sobre una tarea, a saber; estructurado y orientado en función del cumplimiento o ejecución de una tarea. ÿ El psico- grupo, que viene a ser un grupo de “formación”; es decir, estructurado y orientado en función de los mismos miembros que constituyen el grupo. Lewin prosiguió sus estudios de los micro- grupos, profundizando cada vez más en su dinámica, hasta que en el año 1945, funda en la Universidad de Harvard en el Massachusetts Institut of Thechnologie, el Centro de Investigaciones en Dinámica de Grupos. Aquí trabaja Lewin con un equipo de investigadores y es en esta época cuando establece sus primeras hipótesis sobre la importancia de la comunicación en grupos, comunicación que puede ser verbal o no verbal, aunque por esta época en Norteamérica y en la mayor parte de los países occidentales se utilizan con más frecuencia y preferencia la comunicación verbal.

En este nivel de comunicación es donde según parece, al azar establece Lewin por primera vez su hipótesis, ya que su equipo, en la realización de reuniones de autoevaluación de sus investigaciones sobre el proceso de los grupos; se lamentaba de la falta de integración real, del ritmo lento y artificial en el que se evaluaba el progreso de sus trabajos, así como de la falta de creatividad manifestados en la exploración de los problemas estudiados. Esta situación llevó a Lewin y colaboradores a percibir una barrera en el nivel de la comunicación, lo que llevó a éste a solicitar a su equipo una mayor integración, considerando que, si el trabajo no progresa al ritmo deseado se debía a la falta de una verdadera unidad a nivel de las comunicaciones, invitándoles a profundizar más en este aspecto, para lo cual propuso reuniones paralelas a las sesiones de trabajo con el objeto de intensificar únicamente sus “relaciones interpersonales”. Fue así como Lewin y sus colaboradores tomaron conciencia de que a partir del momento en que decidieron dialogar entre ellos se dieron cuenta de que sus relaciones interpersonales, aparentemente confiadas y positivas, estaban profundamente falseadas, razón por la que establecieron una verdadera comunicación a través de mejores relaciones interpersonales y como resultado observaron que sus trabajos y autoevaluación de experiencias comenzaron realmente a progresar. Esta experiencia llevó a Lewin a considerar en mejor grado aún, la importancia de la red de comunicaciones que se establece en todo grupo y a señalar algunas de las causas que bloquean la realización de una verdadera comunicación. Estos estudios orientaron a Lewin a otra de sus grandes hipótesis; es decir, a considerar el establecimiento de la necesidad del aprendizaje de la autenticidad.
La verdadera integración en un grupo no se puede llevar a cabo, si las relaciones entre todos los miembros del grupo no están basadas en comunicaciones abiertas, confiadas y adecuadas; es decir, cuanto más en profundidad se establezca el contacto psicológico, más probabilidades tendrá la comunicación de ser auténtica. Cuanto más abiertas, positivas y reales sean las comunicaciones intra- grupo, más posibilidades tendrán las comunicaciones inter-grupos de ser auténticas y no de servir de evasión o de compensación a una falta de comunicación interna en su propio grupo. Igualmente, los contactos cara a cara ofrecen a los individuos mayores posibilidades de establecer relaciones auténticas; es decir, establece la diferencia e importancia de las relaciones primarias sobre las secundarias. Otro de los estudios de Lewin, fue el considerar que la capacidad de comunicarse en forma adecuada con otro, de poder desarrollar esa empatía, no es un don innato en el hombre, sino una actitud adquirida y desarrollada por el aprendizaje. “Solo aquellos que han aprendido a abrirse al otro y a objetivarse ante él, son capaces de auténticos cambios”. Sólo consistiendo en replantear sus modos habituales de comunicación y sus actitudes profundas respecto al otro puede el ser humano alcanzar a descubrir las leyes fundamentales de la comunicación humana, sus requisitos previos, sus componentes esenciales, las condiciones de su validez y la autenticidad, o sea, que sólo convirtiéndose en agente y objeto de cambio, se sitúa el ser humano en la óptica ideal para detectar y desmontar las leyes dinámicas del cambio que él y en torno a él se opera, pero se debe que, ante todo esto, el aprendizaje de la autenticidad interpersonal es esencial y exige dos condiciones.
a.) El deseo de ponerse a sí mismo en tela de juicio y la aspiración de alcanzar modos más auténticos y adecuados de comunicación con el otro.
b.) Un clima de aprendizaje propicio al crecimiento y desarrollo humano. 

Siguiendo la experiencia de 1945, en el verano de 1946, Kurt Lewin y sus colaboradores intentaron una segunda experiencia en New Britain, que dio origen a un nuevo método pedagógico. Tres grupos colaboraron en este proyecto: un grupo de trabajadores sociales, un grupo de educadores y el grupo de investigadores compuesto por Lewin y sus colaboradores. El objetivo de los grupos de acción, fue el aprender a asumir sus responsabilidades colectivas en forma más funcional y eficaz, y el grupo de Lewin y sus colaboradores se proponía al participar en esta experiencia, verificar y completar ciertos descubrimientos realizados por ellos acerca de las formas de comunicación interpersonal que favorecieran el funcionamiento de un grupo de trabajo. Los participantes celebraron juntos reuniones de trabajo consistentes en discusiones de grupo a lo largo de los cuales se iniciaban en la técnica del desbloqueo en sus comunicaciones inter- grupo, los temas de sus intercambios fueron casi exclusivamente los problemas de estructuras o de funcionamiento experimentados en sus respectivos grupos. Desde el principio Lewin había preconizado la celebración de reuniones de diagnóstico con sus colaboradores, a través de los cuales intentaban evaluar lo que vivían como aprendizaje, con el objeto de acelerar los procesos tanto en ellos como en los demás participantes. En un principio, los participantes de los grupos de acción no debían ser admitidos, en estas sesiones de autoevaluación, pero varios participantes solicitaron el asistir a estas sesiones como observadores. El efecto de estas sesiones sobre los participantes observadores fue inesperado, la posibilidad de tener acceso a las evaluaciones de sus intervenciones e interacciones en las sesiones de aprendizaje, les permitió objetivarse con respecto a sus propios comportamientos en grupo; la convicción de sentirse manipulados por los miembros que ellos percibían como experimentadores desapareció y con ello su resistencia y mecanismos de defensa con respecto al aprendizaje en grupo. A partir de eso momento fueron más capaces de descubrir qué es lo que permite el establecimiento de las comunicaciones en grupo y, qué es lo que en ellos o en torno a ellos las obstaculizaba. De estas experiencias se pudieron ir sacando poco a poco las leyes esenciales de la génesis y la dinámica de los grupos. Esta experiencia animó a Lewin y colaboradores a nuevas experiencias, sin embargo, la muerte prematura de éste obligó a sus colaboradores a seguir solos, sobre la base de lo que luego se convertiría más adelante en el “Training Group” más conocido popularmente como grupo de “formación” y en el cual el observador del grupo se convertiría en animador o “instructor” del grupo, con funciones más o menos determinadas, y a la creación de diferentes técnicas en el proceso de formación de los grupos. Entre los seguidores de Lewin sobre la dinámica de los grupos, las fuerzas de interrelación intra y extra- grupos que se opera en los participantes de un grupo, así como la importancia de la comunicación y el aprendizaje de la autenticidad, que más se ha destacado a la muerte de Kurt Lewin fue el psicólogo W.C. Schuts, quien se dedicó al estudio de las necesidades interpersonales y sobre las cuales señala que los miembros de un grupo no conscientes en integrarse verdaderamente a él, sino a partir del momento en que creen satisfacer ciertas necesidades o preveen el que pueden llegar a obtener ciertas satisfacciones. Entre las necesidades fundamentales que señala Schuts, están las siguientes:
Necesidad de inclusión; es decir, la necesidad que experimenta el nuevo miembro de un grupo, de sentirse aceptado e integrado al grupo al que se suma.
  •  La necesidad de control; es decir, la definición que cada miembro hace de sus propias responsabilidades en el grupo.
  • La necesidad de afecto; o sea, el deseo de todo individuo perteneciente a un grupo de sentirse aceptado y querido en un grupo, hasta insustituible en él. (Este aspecto está fuertemente condicionado por el grado de madurez social del individuo). 
Nos ha parecido conveniente considerar una parte de los trabajos de Schuts sobre los grupos, por la importancia de estas necesidades del nuevo miembro del grupo y las relaciones que se suscitan de ellas en toda la dinámica de un grupo, lo cual está en relación directa con los trabajos de Lewin y las repercusiones de éstos en las orientaciones de la metodología pedagógica actual, pues no habría forma alguna de negar la influencia de estos estudios sobre la dinámica de los grupos en el campo de la pedagogía moderna.

III. LA EDUCACIÓN COMO PRÁCTICA DE LA LIBERTAD – PAULO FREIRE


Siguiendo un orden que podría ser casi cronológico, tenemos que considerar a Paulo Freire y su teoría sobre la educación como práctica de la libertad. Creemos que Freire no sólo creó una teoría y técnica pedagógica para erradicar el analfabetismo en su país y América Latina, sino que nos ha brindado sus mejores ideas para ayudar al individuo a convertirse en un hombre libre, de ahí que su teoría se base en el encuentro de los hombres manifestándose a través de un diálogo libre. Por lo tanto, siguiendo el pensamiento de Freire, la educación es un diálogo que no puede ni debe darse en el vacío, sino en situaciones concretas de orden social, económico y político. Partiendo de esta consideración, dice que nadie es analfabeto, inculto o iletrado por elección personal, sino el resultado de situaciones sociales y económicas en que se encuentra. Freire vivió estas condiciones y tomó conciencia de ellas a través de su propia experiencia, dándose cuenta que esta situación no era exclusiva de la población de su país (Brasil) sino que eran vividas por un gran número de hombres en toda Latinoamérica. Es por esta razón que sus experiencias se originaron en Brasil, pero fácilmente pudieron ser adaptadas para otros países.

A pesar de que toda la teoría de Freire nos interesa, debemos, en función de nuestro objetivo, mutilar un poco su obra y dedicarnos exclusivamente al análisis de su concepción moderna de la educación. Esta concepción moderna de la educación, significa la abolición de aquella diferencia siempre existente entre “educador y educando”; para la creación de una nueva relación educativa basada en el “diálogo” de uno y otro, donde deja de existir la división antes apuntada, para ser reemplazada por dos hombres que se nutren de sí mismos, como producto de una relación de amor que comprende la humildad, la esperanza, la fe y la confianza, a través de su comunicación. Esto crea en el hombre una conciencia crítica de su relación en la búsqueda de una realidad concreta y en donde el diálogo adquiere estímulo y significación en virtud de que “solo llego a ser yo mismo, cuando los demás lleguen a ser ellos mismos”. (*) Con esto afirma Freire su teoría pedagógica basada en la comunicación y el diálogo horizontal con “alguien” o sobre “algo” en un momento determinado. La educación en su concepción tradicional, no supera el estadío antes mencionado o lo que Freire llama concepción Bancaria de la educación y, que en sus palabras es:

a. “El educador es siempre el que “educa”; el educando el educado,
b. El educador es quien disciplina; el educando es disciplinado,
c. El educador es quien habla; el educando el que escucha, (*) Freire, Paulo. “El Mensaje”.
d. El educador prescribe, el educando el que sigue la prescripción;
e. El educador elige el contenido de los programas, el educando lo recibe en forma de depósito,
f. El educador es siempre quien sabe, el educando el que no sabe,
g. El educador es el sujeto del proceso, el educando es su objeto”.

(*) Una concepción tal de la educación, convierte sin lugar a dudas el educando en un sujeto pasivo y de fácil adaptación, le desfigura su condición humana, pues le concibe como un depósito de algo, que debe ir siendo llenado por pedazos de mundo, que han sido digeridos y determinados por otros y con lo cual se pretende crear conciencia. Crear conciencia, he aquí otro de los pilares de las ideas de Freire sobre la educación como práctica de la libertad que reclama nuestra atención. ¿Cómo proveer al educando de los instrumentos para resistir a los poderes del desarraigo, frente a una civilización industrial, que se encuentra ampliamente armado de medios, con los cuales amplía las condiciones existentes de su existencia? ¿Qué educación se le puede posibilitar al hombre para que pueda enfrentarse valientemente a toda su problemática de la realidad? ¿Cómo ayudar al hombre a que se eduque? (*) Freire, Paulo. “El Mensaje”.

Freire, partió de que, para que una educación sea válida, debe ir precedida de una reflexión del hombre y de un análisis del medio de vida real del hombre; es decir, de sus condiciones sociales, económicas y políticas dentro de las cuales se encuentra inserto. Si falta la reflexión del hombre sobre el hombre, se corre el riego de utilizar métodos educativos y formas de acción erradas, que reducirán al hombre a la condición de objeto, y no a la de sujeto, premisa número uno de todo quehacer educativo. La educación debe ser liberadora y mostrar el cambio al desarrollo de una toma de conciencia y actitud crítica del hombre y su medio, pues sólo gracias a esto, el hombre podrá escoger y decidir por sí sólo; sólo a través de este camino surgirá un hombre plenamente consciente, comprometido y dispuesto a intervenir en su realidad para cambiarla. Al respecto Freire dice: “En la medida en que el hombre integrado en su contexto, reflexiona sobre este contexto y se compromete, se construye a sí mismo y llega a ser sujeto”. (*) Para concluir, recordemos que bajo esta perspectiva, la educación caracterizada por el diálogo contiene como objeto principal de su quehacer, el Concientizar al pueblo, al hombre del pueblo, mediante una problematización de sí mismo, a través del conocimiento científico de su realidad y en el cual su esquema básico de la relación educativa es un educador- educando con un educando- educador; o sea, una relación que conlleve a los (*) Idem. hombres a educarse entre sí, mediatizados por el mundo y en una tarea permanente de transformación. Las ideas de Paulo Freire sobre la educación y las nuevas orientaciones que se le imprimieron a la corriente de Reconceptualización del Trabajo Social, se integran en el siguiente pensamiento de Julio Barreiro sobre la obra de Paulo Freire. “Hay una práctica de la libertad, así como una práctica de la dominación. Actualmente nos movemos, somos, vivimos, sufrimos, anhelamos y morimos en sociedades en que se ejerce la práctica de la dominación. No perdemos nada si intentamos una nueva sociedad, un nuevo hombre, un nuevo mañana. La pedagogía de Paulo Freire es, por excelencia, una “pedagogía del oprimido”. No postula, por lo tanto, modelos de adaptación, ni de transición, ni de “modernidad” de nuestras sociedades. Postula modelos de ruptura, de cambio, de transformación total. Si esta pedagogía de la libertad implica el germen de la revuelta a medida que se da el pasaje de la conciencia ingenua, de ésta a la conciencia crítica y, de ésta a la conciencia política, no puede decirse que sea éste el objetivo oculto o declarado del educador. Es el resultado natural de la toma de conciencia que se opera en el hombre y que despierta a las múltiples formas de contradicción y de opresión que hay en nuestras actuales sociedades. Esta toma de conciencia hace evidentes esas situaciones. “Concientizar”, pues, nos es sinónimo de “ideologizar” o de propinar consignas, eslóganes o nuevos esquemas mentales, que harían pasar al educando de una forma de conciencia oprimida a otra. Si la toma de conciencia abre el camino a la crítica y a la expresión de insatisfacciones personales, primero; y comunitarias más tarde, ello se debe a que éstas son los componentes reales de una situación de opresión. “No es posible –llegó a decir Paulo Freire en una de sus conferencias- dar clases de democracia y al mismo tiempo considerar como absurda e inmoral la participación del pueblo en el poder” Y aquí está el quid de toda la cuestión, la “Pedagogía del oprimido”, se convierte en la práctica de la libertad”. (*) (*) Barreiro, Julio. – Introducción. “La Pedagogía como Práctica de la Libertad”.

IV LA PRÁCTICA DEL TRABAJO DE GRUPO – GILLES FERRY


Igualmente, y en la mima línea u orientación, se conocerá el pensamiento y las ideas de Gilles Ferry sobre la educación y su actual metodología. Gilles Ferry se interesa sobre todo en el estudio y la experimentación de la relación pedagógica; al respecto se cuestiona sobre el rol del maestro, el cual, en su concepto, debe ser de nuevo estructurado para satisfacer las exigencias que demanda la sociedad actual al sistema educativo. Ferry se revela ante el papel que debe desempeñar el alumno, de dependencia y pasividad, ante el modelo tradicional del docente y a toda la concepción de autoridad que éste encarna en dicho modelo. Se revela ante el rol del maestro “poseedor de un saber”, de todo lo que sea iniciativa y creatividad, de la actitud creada en el alumno de dependencia y pasividad, porque: “después de diez o doce años pasados en los bancos de la escuela, el colegio o el instituto los alumnos no conciben no conciben siquiera la posibilidad de proponer, organizar, investigar o confrontar detalle alguno de lo que pueda ser de su interés en el marco de la vida escolar... El maestro es, en primer lugar, mediador del saber. Aporta informaciones, las dosifica y formula de modo que puedan ser recibidas por la colectividad de sus alumnos.

El maestro es el organizador de sus trabajos, él es quien fija la progresión de las adquisiciones que deben hacerse en función del programa, del tiempo de que dispone y del nivel de la clase. Él es quien regula la sucesión de las actividades para el trimestre, el mes y la semana, así como para cada clase. Como mediador del saber, como observador y como organizador del trabajo, el maestro asegura, además, el control de las adquisiciones, y lleva a cabo diversas intervenciones destinadas a crear entre los alumnos las actividades más favorables ante el trabajo. Es evidente que, cualquiera que sea su destreza o su experiencia es imposible que se enfrente a la vez con todas estas tareas. Aunque en realidad resuelve el problema de maneras distintas. Más o menos conscientemente, puede optar por dejar de lado algunas de estas funciones en beneficio de los demás. Existen maestros centrados en los programas (el contenido de su enseñanza), otros en los métodos (organización del trabajo), otros en los alumnos (el profesor- psicólogo), y otros en el funcionamiento del grupo maestros- alumnos. En tales casos, la rutina impera en los cambios de actividades que el maestro tiende a abandonar. Para evitarlo, algunos tratan de asumir alternativamente los distintos papeles de su personaje; el resultado es un equilibrio inestable que produce la discontinuidad en el trabajo y lo que es aún más grave, en las actitudes. Cabe pensar, entonces, en repartir estas funciones acumuladas hasta ahora sobre el maestro entre diversos especialistas, que tomarán parte de la acción educativa: El especialista en la asignatura, el psicólogo, el consejero de orientación, el médico, el trabajador social, el reeducador, etc.

El equipo pedagógico ensayado al principio en los centros dedicados a la infancia inadaptada, tiende a constituirse en el nivel del primer ciclo de la enseñanza secundaria. A pesar de la resistencia de ciertos educadores ante dicha diversificación de tareas, esta fórmula es la más racional, con la condición de que entre los miembros del equipo pedagógico reine un auténtico espíritu de cooperación, sin embargo, ésta no revela completamente el maestro de las múltiples ocupaciones anteriormente citadas; éstas siguen formando parte de la práctica pedagógica dentro de la clase. La participación de los alumnos en las responsabilidades del trabajo común permitiría cierta libertad al maestro, y le concedería un margen más amplio en cuanto al plan que decidiera adoptar. Esta redistribución de misiones entre el maestro y los alumnos es susceptible de adoptar modalidades más diversas según la clase de la enseñanza que se considere, el volumen de la clase, la edad de los alumnos y la personalidad del maestro. Puede admitirse, por ejemplo, que el maestro se limite a aportar informaciones sobre la cuestión sometida al orden del día, pero que no intervenga en modo alguno en la organización del trabajo y los procedimientos. En este caso, deja a sus alumnos la tarea de regular y observar las actividades, elegir los ejercicios, asegurar la participación de todos y observar el desarrollo de la clase. A petición de los alumnos, interviene en tal o cual punto, para leer un texto o para expresar una opinión. También puede darse el caso de que el maestro cuide de garantizar la buena conducta de la clase, como podría hacer un presidente en el Congreso, sin tomar parte en el fondo del debate. Estimula las participaciones, solicita y ordena las aportaciones e invita al grupo a atenerse a la orden del día y a alcanzar los objetivos que se ha fijado. Esta función de facilitación puede ser ejercida, además, por el maestro, no por haberlo decidido él así, sino cuando la clase lo haya determinado de acuerdo con él. Ve también la posibilidad de que el maestro confíe a los alumnos el trabajo de información y de elaboración (producción), así como la tarea de animar la sesión (facilitación), sólo intervenga para denunciar ante el grupo, aquellos  fenómenos psicológicos que hayan obstaculizado o favorecido su progresión (regulación). También puede adoptarse un papel de observador. En todos estos casos, la colectividad de alumnos es la que asegura en gran parte el funcionamiento de la clase. No se trata aquí de aquellas funciones tan formales, tipo “jefe de clase”, que no son sino delegaciones de poder en un ámbito muy restringido; nos referimos a un auténtico reparto de responsabilidades originado por un anhelo funcional. A este anhelo funcional viene a sumarse una exigencia de carácter axiológico. En sociedad democrática es esencial que los modelos de autoridad propuestos a los jóvenes no sean de tipo autoritario. Una mitología del jefe, concebido como un hombre de esencia superior que no tiene que dar cuenta a nadie de sus actos, deja una huella perenne y contribuye a falsear las relaciones jerárquicas. Las primeras experiencias sociales divididas en la escuela contribuyen a reforzar o destruir dicha mitología”. (*) Pero la concretización de las inquietudes y soluciones que Gilles Ferry ha tenido sobre la educación “tradicional” las concretiza y nos las envía en su libro “El trabajo en grupo”, experiencia que consistió introducir dentro del cuadro de la enseñanza tradicional, regida por programas y finalizando con exámenes, una fórmula de trabajo en pequeños grupos derivada de lo que la Psicología designa bajo el nombre de “grupos de formación”. Creemos conveniente conocer algunas de las conclusiones sobre esta experiencia, con lo cual daremos una imagen más real de su trabajo: (*) Ferry, Gilles. Pedagogía y Psicología de los Grupos. 

Gilles Ferry nos dice que: “La fórmula propuesta al grupo de estudiantes intentaba satisfacer las exigencias del curso por lo que al principio, los grupos tienen en sus manos todos los elementos de información necesarios para la planificación y organización de su trabajo: Programa del examen, lista de temas surgidos en las sesiones precedentes, número de sesiones utilizables. Se invita a todos los grupos a que elijan el tema que desean abordar. Según sus exigencias, un tema será motivo de la clase de un profesor, o bien, de una sesión de información o de discusión asegurada por las propias alumnas. ? Las intervenciones del animador están centradas alternativamente en el trabajo (recapitulación de las aportaciones, de determinación de los puntos adquiridos, situación en perspectiva de los distintos puntos de vista, etc.). Se pone en evidencia la relación entre estos dos niveles de funcionamiento: deseo y resistencia del grupo respecto a tal o cual tema, relación entre el grado de implicación y la producción, etc. ? El profesor se ofrece a asegurar diversas funciones, según lo que el grupo pida: animador de los intercambios, informador, observador o simple participante, con la condición de limitarse en la sesión a uno sólo de estos papeles. Seguidamente, Ferry nos explica y justifica su trabajo y experiencia hasta justificar el análisis de control sistemático que se efectuó sobre la misma y nos dice: “La evolución de los grupos de trabajo pasó por fases análogas a las que se observa en los grupos de diagnóstico":

1) Una fase inicial de tanteos vivida en la incertidumbre e incluso en la angustia. El grupo busca una definición de sus objetivos, explora los recursos de que puede disponer. Su funcionamiento es anárquico;
2) Una fase de elucidación de la relación con el profesor. Una agresividad más o menos verbalizada contra el profesor cuya presencia resulta molesta porque no asume la función de enseñante (transmisión de conocimientos, organización del trabajo, evolución de las intervenciones de los alumnos), y porque es responsable y testigo del malestar del grupo (manipula al grupo). Sólo en este momento pueden entenderse las explicaciones respecto a su nuevo papel;
3) Una fase de estructuración del grupo y de organización del trabajo. Se definen unas normas de funcionamiento a través de un juego de oposiciones más o menos conflictivo. La lucha por el poder se resuelve generalmente con el establecimiento de un sistema de disciplina;
4) Una fase de autonomía cuando el grupo ha conseguido resolver sus problemas internos. Se llega al régimen de placer. 

Entonces el grupo está disponible para las tareas que se le imponen. Es apto para superar las dificultades y los riesgos de bloqueo, realizando una análisis de sí mismo. Después de la experiencia, las alumnas se declararon casi unánimemente favorables al principio del trabajo de grupo, a un tiempo porque se habían implicado mucho más en este trabajo que en los anteriores y porque se valoró el cambio de estilo de las relaciones entre alumnas y alumnas- profesor.

El interés del trabajo de grupo, para muchas alumnas, reside en la relación entre estos dos aspectos: la tarea y la vida de los grupos, el contenido y la situación; es el estudio colectivo y diversificado de un problema lo que da al trabajo de grupo su eficiencia formativa. Pero también se reconoce al trabajo de grupo como el lugar de comunicación con los demás y de entrenamiento a la cooperación, teniendo en cuenta que las demás situaciones de la vida del establecimiento (centro educativo) no ofrecen esta posibilidad. Sin embargo, no se puede decir que la participación en el grupo de trabajo sólo proporcionó satisfacciones. De manera bastante general, las alumnas tuvieron la impresión de no haber sacado de la experiencia todo el partido posible y muchas de ellas tuvieron dificultades para superar las tensiones y los malestares a que se vieron sometidas. Finalmente, el grupo de trabajo pone a prueba la relación enseñante- ensañado, a través de la disociación de las funciones y la redistribución de los papeles. Las antinomias de la relación con la institución educativa, de la relación con el saber y de la relación con el grupo que sostienen la dinámica de toda situación de enseñanza, quedan exploradas y analizadas. Las valoraciones hechas por las alumnas y sus respuestas a un cuestionario, demuestran que vivieron intensamente las peripecias de esta aventura pedagógica, que casi todas ellas captaron el significado de los procesos en que estuvieron implicadas, pero no consiguieron definir un modelo. Pero, ¿puede considerarse como válido el control de una experiencia cuando lo efectúa su mismo promotor y al mismo tiempo uno de los actores? ¿Puede el innovador pretender tomar como objeto de investigación su acción innovadora? ¿Acaso es posible ser juez y parte? Hay una primera respuesta de orden metodológico. Una observación sistemática, un cuestionario de encuesta, el análisis de contenido de un documento, son instrumentos de distanciamiento que ofrecen por sí mismos una garantía de objetividad. Aquí el problema es de orden técnico: el valor de los resultados obtenidos está en función de la precisión del instrumento y de las condiciones en que se utiliza. Parece que el hecho de que el propio promotor de la experiencia ponga a punto y utilice el instrumento, no representa un inconveniente particular, sobre todo si asegura la concurrencia de otros observadores y otros investigadores para recoger y tratar los datos. Pero si nos colocamos al nivel del objeto de la investigación y de la hipótesis central que implica este objetivo, la respuesta es menos simple. Todo control está concebido para proporcionar una prueba. Pero, ¿una prueba de qué? Cuando se trata del control de la innovación, normalmente se intenta aprobar el valor positivo del cambio operado, la pertinencia del modelo comprobado. Éste es evidente que con o sin razón, siempre será dudosa una prueba de este tipo establecida por el innovador. Aunque sólo sea inconscientemente, sus interpretaciones pueden utilizar los hechos según sus propios deseos. Sobre todo, porque casi siempre está asegurado el éxito de una innovación, a mayor o menor plazo, según uno u otro criterio, porque una innovación no se reduce nunca a la introducción de un nuevo método o una nueva práctica sin que las demás variables de la situación se hallan modificado (en particular, la implicación del enseñante, su grado de confianza en los alumnos y en consecuencia, las motivaciones de los alumnos, la estructura de sub- grupo).

Supongamos ahora (ésta fue nuestra hipótesis), que deseamos utilizar la innovación como revelador de la dinámica y de las características de la situación educativa. El problema ya no está en probar que esta innovación es buena o mala. La prueba que se aporta, es la prueba, tan rigurosa como sea posible, de que las cosas han ocurrido de una manera determinada y de que éstos y aquellos problemas concretos se han planteado a la conciencia de los alumnos y a la conciencia del profesor. Por ejemplo, el papel de los fenómenos socio- afectivos en el proceso de enseñanza- aprendizaje o también la dialéctica de la iniciativa de las alumnas y las solicitudes de ayuda al enseñante. En este caso, el esfuerzo de elucidación no está orientado hacia el distanciamiento, como cuando unos proponemos un material y queremos reducir las distorsiones. Todo lo contrario, tiende a la reintegración del innovador y del investigador en que éste se convierte, digamos a la persona del investigador participante, en el sistema relacional considerado. La objetividad de sus palabras no puede resultar de un estatuto privilegiado que habría conquistado convirtiéndose en investigador (y reduciendo al mismo tiempo a los demás al estado de conejillos de indias). No es sino su objetividad asumida y situada en la relación con los demás actores de la experiencia. (*) Sin embargo, en el presente caso, Gilles Ferry habla de la no- directividad como técnica, y manifiesta que personalmente al referirse a su experiencia, prefiere utilizar el término de “inspiración orientación de estilo no- directivo”, basándose esencialmente en la introducción de una nueva relación a desarrollarse entre educador- educando, más que en los frutos y en las metas de esta nueva relación, es decir, para Ferry, la educación como modelo de liberación, no se centra, ni en el educando ni en el educador, sino, en la relación que se desarrolle entre uno y otro, así como las discusiones y confrontaciones entre alumnos constituyen la esencia de la enseñanza, y en donde la autoridad del profesor o enseñante en su sentido tradicional debe ser abolida, en donde el enseñante aparezca ante los ojos de sus alumnos y ante sí mismo como un practicante de la comunicación, Relación pedagógica, en la cual no sólo se implica la relación enseñanteenseñado, sino, la relación entre alumnos y la de éstos con el grupo a nivel inter- individual e inter- grupal, y en donde la actividad del enseñante consiste en ayudar a sus alumnos, partiendo de su nueva posición en el grupo; es decir, a desarrollar sus iniciativas y trabajo. Claro está, en esta modalidad de trabajo en clase, utilizada por Gilles Ferry, de pequeños grupos, obliga a una mayor interrelación e interacción, a una toma de posición y de palabra, respecto al trabajo personal y al de sus compañeros, así como a un control de su propio desarrollo a través de la relación de los otros, a la cual no están acostumbrados los alumnos. Situaciones que en más de una oportunidad son estimulantes y angustiantes a la vez, por la libertad ante la cual se encuentran, al igual que a los roles que deben desempeñar. Esta experiencia nos muestra que no existen fórmulas para la práctica del trabajo en grupo, pero nos abre una nueva perspectiva sobre lo valiosa que puede ser una experiencia de orientación no- directiva, a pesar de encontrarse en un contexto de enseñanza tradicional, con lo cual nos demuestra la posibilidad y el éxito de esta nueva metodología pedagógica. (*) Comunicación horizontal que viene a ser el sustentante de una nueva Gilles Ferry “La practique du travail”

V. LA AUTOGESTIÓN PEDAGÓGICA Y LA PEDAGOGÍA INSTITUCIONAL – MICHEL LOBROT.


Seguidamente trabajaremos sobre la obra de Michel Lobrot y algunas de sus ideas sobre la autogestión pedagógica y la pedagogía institucional. A pesar de que todo el trabajo de Michel Lobrot es de suma importancia, para quien se cuestione sobre la educación, no podemos realizar en el presente trabajo un resumen completo de ella; por lo que recordaremos para situarnos en parte de su trabajo que Lobrot se ha distinguido a través de sus trabajos por el interés que ha puesto en el estudio de los problemas concernientes a la educación y en ella a la relación pedagógica maestroalumno y que considera que de todos los problemas que plantea la educación, el más importante es aquel que reviste las “relaciones humanas”. Al igual que Gilles Ferry, se ha revelado contra la tarea que le ha impuesto nuestra sociedad (burocrática) al maestro en su relación con el alumno. Tarea que en su concepto es mínima respecto a la que debe desarrollar la sociedad misma, pero que se ha dejado al maestro, imponiéndole el desempeño de una relación de autoridad sobre el niño, sin considerar que para la formación de hombres verdaderamente libres, la relación maestro-alumno debería ser una relación de colaboración y de diálogo y no de control de adquisiciones. Dado el objeto del presente resumen, nos vemos obligados a mutilar su obra y partir de algunos conceptos y definiciones elementales pero sin entrar en detalles en ellos, estas definiciones son: en groupes”.

“La autogestión política como el conjunto de las actividades y decisiones de un grupo para lograr su propia defensa contra todas las amenazas del interior y del exterior y La autogestión terapéutica como el conjunto de actividades y decisiones de un análisis y de un paciente para llegar a la expresión total de la vida íntima, las fantasías y los problemas de éste último Y seguidamente nos señala que ni el grupo de autogestión política ni el grupo de autogestión terapéutica logran hacerse cargo de la totalidad de las actividades principales de los miembros del grupo”. Así pues, de lo anterior parte para llegar a la conclusión de que la autogestión debe ir todavía más lejos de estas dos actividades, preguntándose, ¿cómo introducir la autogestión en la vida social misma?, o como él mismo lo explica, en las actividades o necesidades vitales de los hombres de existencia o de necesidades de creación y comunicación. El primer esbozo o intento de solución se realizó en los Estados Unidos alrededor de 1945, con la creación del “grupo de diagnóstico”. “Se cuenta que la idea del “grupo de diagnóstico” surgió por primera vez un día en que profesores universitarios se hallaban reunidos para hablar de los estudiantes y éstos interrumpieron en la sala de reunión y pidieron a los profesores que les informaran sobre el análisis realizado. Los profesores advirtieron entonces que era más útil a los estudiantes www.ts.ucr.ac.cr 39 que se les permitiera trabajar solos, con solo ayudarles a funcionar en grupo, que mantener en ellos la relación tradicional del “curso magistral”, o de la directividad pedagógica. De pronto se había descubierto el principio de la “no- directividad” en pedagogía; es decir, el principio según el cual el profesor- burócrata debe abandonar sus prerrogativas y sus derechos, para dejar que los educandos trabajen y se organicen solos; sin embargo, debía seguir a disposición de éstos. ¿Porqué no continuó el movimiento en este sentido? ¿Cómo se llegó a la idea del grupo experimental y efímero, separado de la Universidad misma y “conducido” en una institución especial por psicólogos profesionales?

Pero el movimiento que originó esta experiencia no continuó, debido a que significaba el cuestionar la estructura de la sociedad norteamericana y hasta el llegar a una modificación total de la misma, lo cual no era, sin lugar a dudas, el objeto de los investigadores norteamericanos, por lo que recurrieron a la creación de grupos experimentales, con lo que se podría, a través de un tiempo determinado, elaborar conceptos de psicología social y con lo cual no sería el profesor mismo sino sus alumnos, los que cuestionarían al profesor tradicional, sino otro exterior a él, que mantiene con los “clientes” un tipo de relación “ideal”, en marco ideal. De estas experiencias surgieron las primeras elaboraciones teóricas del grupo de diagnóstico, completamente artificial y del cual se sacó ventaja, debido a su heterogeneidad, condición que se consideró “sine- qua- non”, pero que a raíz de la misma, desvirtuó el principio de la “no- directividad” que le dio origen, nos señala Lobrot que esta condición de artificialidad determinó en parte, el número de participantes o miembros del grupo, que se consideró conveniente, no debía de sobrepasar a quince individuos (con lo cual se excluía su posible inserción en un sistema de educación nacional, cuyos grupos sobrepasan en general el número de treinta) y la actividad del instructor, a quien los participantes del grupo, solicitaban asumiera el papel de “profesor tradicional”, no aceptando en un principio el que se les dejara la elección integral de sus actividades; pero que dada la posición de éste, el cual no se encontraba en el grupo en condición de enseñante, pudo negarse a esto e inclusive a brindar información sobre sus conocimientos y hasta a intervenir en el contenido de la discusión del grupo; para colocarse en una posición no- directiva y realizar un análisis de los procesos del grupo. Es ésta una de las razones por las cuales no se acepta que los participantes en un grupo de diagnóstico, pueda tener otras experiencias que no sean aquellas que se desprenden del plano afectivo, ya que este análisis del proceso del grupo, realizado en el “aquí y ahora”, del mismo, no permite a los pacientes obtener enseñanzas del tipo intelectual. A su vez, se considera que existen otros problemas de difícil o imposible solución para que el grupo de diagnóstico se constituya en una nueva forma de enseñanza o de relación pedagógica cuales son:
a) Las estructuras oficiales, pero esto no impide que esas estructuras existan o lo que es lo mismo, ¿cómo se podría introducir en las escuelas oficiales, que son íntegramente burocráticas, un principio nuevo no- burocrático? ;
b) La intervención de un profesor que no organiza el trabajo de un alumno desde fuera, no puede ser de utilidad alguna; recordemos que el contacto, el diálogo con personas de mayor experiencia intelectual y/o de investigación, son indispensables al individuo más joven, que aquel que desea formarse y adquirir una cultura, y si los instructores de un grupo prefieren adoptar un modelo nodirectivo, y contenerse con realizar un análisis, de un modo u otro del “aquí y ahora” de los grupos que son instructores, esto impide ese contacto y diálogo del que hemos hecho referencia.

Además, a esto se debería sumar, que aún y cuando aceptaron los instructores del grupo de diagnóstico abandonar ese papel, la mayoría de científicos e investigadores que podrían ser útiles a los jóvenes, se encuentran en el seno de la educación nacional, lo cual les obliga a aceptar el modo de intervención burocrático impuesto por ésta y la idea de hacerse abandonar ese sistema sería utópico, ya que tanto los padres como los niños prefieren el sistema de la educación nacional. Así pues, sería necesario encontrar nuevas formas de intervención pedagógicas, para que estos investigadores y científicos pudieran realizar un trabajo en el seno de este sistema. c) Si se admite la idea de que el sistema de Educación Nacional debe transformarse desde dentro, es necesario admitir, por otro lado que, el grupo de diagnóstico no puede trasladarse tal cual es en el sistema de educación nacional, en tanto éste no se transforme completamente seguirá imponiendo programas, organizando exámenes y ejerciendo presión sobre los docentes. Y el grupo de diagnóstico por el contrario, exige la ausencia de estas presiones.

¿Cómo conciliar esta dicotomía, sin contar, como ya lo hemos dicho, que una de las condiciones del grupo de diagnóstico es no sobrepasar el número de miembro de quince, y que los grupos del sistema de educación nacional en general superan esta cifra? Son estas algunas de las razones con las cuales se nos muestra que el grupo de diagnóstico, creado artificialmente por los investigadores norteamericanos, es incompetente como fórmula única de formación, y que no es más que una de las tantas aplicaciones del principio de la no- directividad.

 Con el análisis presente podemos introducirnos en la autogestión pedagógica, fórmula creada por algunos docentes y pensadores franceses, luego de probar que no sólo el grupo de diagnóstico era ineficaz en la enseñanza, sino también las ideas de la “nueva pedagogía” y: escuela moderna”, que aunque más se aproximaba a ésta, no alcanzaba a tocar los verdaderos intereses de los educandos. Estos pedagogos, se caracterizaban por una intensa preocupación política, de ahí que llegaran a comprobar que la escuela actual padece no sólo por falta de celo o competencia de los docentes del mal de la “burocracia”, sino que los practicantes de la dinámica de grupo, se desinteresaban tanto de los problemas y fenómenos institucionales actuales en su conjunto, a los cuales no respondían ni cuestionaban. Se demuestra que los participantes en los grupos de diagnóstico caen en una falacia, al creer que el grupo de diagnóstico no tiene relación con las instituciones de las que se separa, y con lo cual nos señala que no podemos actuar como si las instituciones no existieran, porque el hombre está determinado en primer lugar por la sociedad en que vive y que sus angustias y sentimientos dependen de ella. Así pues, el grupo de enseñantes percibió éstas y algunas otras insuficiencias, por lo que dieron a su movimiento el nombre de pedagogía institucional, para demostrar que querían atacar prioritariamente las “instituciones” a efecto de crear otras nuevas. Sin embargo, esto no fue suficiente, hacía falta crear nuevas fórmulas que permitieran alcanzar esta meta.

Por ésta y otras razones, los partidarios de la pedagogía institucional decidieron ir más lejos de su práctica, comprendieron que por su condición de docentes y no de administradores no podrían cuestionar las instituciones en que trabajaban y, menos aún el sistema de la educación nacional, encontrando como única salida a su situación, el introducir la “autogestión pedagógica” en sus clases, a través de una nueva relación maestro- alumno. ¿Qué debe entenderse por autogestión pedagógica? El principio consiste en colocar en manos de los alumnos, todo lo que es posible; es decir, no la elaboración de los programas o la decisión de los exámenes, que no dependen ni del docente ni de sus alumnos, sino el conjunto de la vida, las actividades y la organización del trabajo en el interior de ese marco. No solo los alumnos pueden trabajar o no, sino además, pueden decidir por sí mismo sus relaciones “aquí y ahora”, sus actividades comunes, la organización de su trabajo y los objetivos que pretenden perseguir. Tienen, pues, en sus manos, las instituciones de su clase, que pueden, según sus casos, dejar en suspenso, constituir de acuerdo con nuevos modelos o de acuerdo con modelos tradicionales, etc.

¿Qué es el docente en este sistema? No queda excluido o ausente como una pedagogía de laiser- faire, sino que interviene en el marco de acuerdo con las modalidades fijadas por los alumnos que puede, según los casos, utilizarlo poco, o por el contrario, pedirle explicaciones, que precise ciertos puntos, que intervenga en las discusiones con ellos, etc. El principio consiste en que se limite a responder a la solicitud de los alumnos. Solicitud que puede tender a tres clases de intervención:
1. Intervención en el análisis; es decir, refleja al grupo la imagen de su forma de funcionamiento, sin interpretaciones sobre la vida del mismo o de lo que hace,
2. Intervención en la organización; el docente en este caso puede aconsejar al grupo sobre la organización, o brindar modelos de funcionamiento,
3. Intervención en el contenido; en este aspecto el docente interviene como la persona que posee un mayor bagaje de conocimientos y al que se puede recurrir en busca de ellos, puede brindar información, realizar síntesis, clarificar ciertos puntos; en otras palabras, no rehusa compartir sus conocimientos y sus ideas, sino que los comparte con el grupo de acuerdo a su situación.

Este principio de la solicitud es de suma importancia en la pedagogía institucional y se llegó a él, considerándolo como la única manera de respetar una no- directividad en el grupo, y en el cual se inserta el docente de acuerdo a un cierto estatus, sin intervenir ni en la vida del grupo, ni en la definición de su trabajo, ni en la elaboración, sino de acuerdo con la solicitud de los alumnos.  “Destaquemos que lo único que el docente no puede hacer, es responder a las solicitudes de los estudiantes con miras a restablecer su viejo estatus; ésta no es una limitación añadida a priori al “principio de la demanda”, sino la aplicación de otro principio que acompaña naturalmente a la autogestión; es decir, que el docente es dueño de sus decisiones, y en particular es dueño de decidir si responderá a la solicitud y en qué términos lo hará. Dicho de otra manera, el docente sólo puede responder a la demanda o solicitud, pero no responde necesariamente a todas las solicitudes. Si lo hiciera, perdería, a su vez, la libertad y se convertiría sólo en una máquina en manos de sus alumnos”. (*) La razón reside en que el término de no- directividad connota sólo el aspecto negativo de la actividad que debe asumir el docente o instructor; es decir, que no debe intervenir como autoridad en el sentido de “maestro tradicional” que fija desde el exterior del grupo de clase, las actividades de éste. En realidad, la no- directividad se manifiesta a través del silencio; silencio que viene a ser a un cierto nivel, la expresión suprema de la autoridad. Pero no se manifiesta sobre lo positivo que han o debería haber en los miembros del grupo para establecer cierto tipo de relación e instituciones. El interés de la autogestión pedagógica como el del grupo de diagnóstico, reside en tomar a los individuos allí donde se encuentran y permitirles dar tantos pasos adelante como puedan, mientras se debaten con sus fantasmas de dependencia y de contradependencia, sin que otro individuo vaya a resolver sus problemas y suprima su crisis, restableciendo el mecanismo de la directividad, de las consignas y de los programas. (*) Idem.

Recordemos que uno de los reproches que le puede hacer a la nueva pedagogía o escuela nueva, es el de querer hacer trabajar a los alumnos partiendo de intereses supuestos por ella, pero que no pertenecen en la realidad a los alumnos, olvidando que la mayoría de los alumnos en las escuelas o liceos, no tienen deseos de trabajar sino de comunicarse con sus compañeros o de hacer no importa qué, inclusive soñar, menos trabajar sobre intereses que no les pertenecen. Siendo ésta la razón por la cual el interés de la autogestión pedagógica reside en partir de necesidades reales de los alumnos, para llegar talvéz a un verdadero trabajo. No se puede negar que los programas y el paso de los exámenes continúa gravitando sobre ellos, pero este problema no es el mismo si éste depende del docente. La situación en este caso es que el maestro no existe como intermediario imponiéndoles el programa o las actividades.

De esta manera, la autogestión pedagógica alcanza a convertirse en grupo de trabajo efectivo, partiendo de motivaciones que son, las más de las veces, ajenas al trabajo mismo; es decir, que pueden surgir a través de motivaciones verbales, de la percepción de la motivación de otro, e incluso del aspecto exterior de una tarea. La pedagogía institucional se define, pues, por una parte, por la ausencia de poder en un grupo dado y por otra, por la posibilidad dada al grupo de encontrar para sí instituciones satisfactorias, gracias a las iniciativas divergentes de los participantes.
Michel Lobrot nos muestra ésto concretamente en un grupo autogestado desde el punto de vista del mismo grupo, antes de considerarlo desde el punto de vista del instructor. En el primer caso tenemos en realidad tres categorías:

a.) El campo motivacional, todos los individuos de un grupo poseen diferentes motivaciones y éstas pueden ser contradictorias y hasta divergentes, pero si recordamos que el interés de este procedimiento desde el punto de vista pedagógico, es tomar a los individuos donde se encuentran y ayudarlos a dar tantos pasos como sea posible, lo importante en este caso es que las motivaciones se manifiesten.
b.) El campo de decisión, cada cual tiene la posibilidad de decidir, partiendo de sus intereses o de los intereses de los otros. Esto, no implica la totalidad de sus intereses pero se da el caso de que un proyecto X puede coincidir con su propia actividad y la del grupo.
c.) El campo de las actividades, los proyectos promueven o no actividades, según su aceptación y éstas, a su vez, satisfacen las necesidades de los miembros del grupo o la modificación del estado del mismo con miras a la satisfacción de éstas o la realización de decisiones. En la historia de un grupo, el campo de actividades se modifica constantemente, en torno a un cierto número de modelos psicosociológicos que es importante analizar.

1. El modelo de la apertura; es decir, de la comunicación entre los individuos por el placer de la comunicación y toda la dinámica de grupos que se desprende de ésta.
2. El modelo de la circulación; todos o algunos de los miembros del grupo intentan hacer circular su palabra en las interacciones, con lo cual se llega a proposiciones concretas.
3. El modelo de la organización del trabajo; todos los miembros intentan una organización del trabajo que les satisfaga a sí mismos o a algunos. En este aspecto algunos miembros pueden aún, considerar el trabajo sea solo en compañía de uno o dos participantes.
4. El modelo del trabajo mismo, éste varía según su naturaleza y se le considera bajo los aspectos de elaboración y creación como del de cooperación. Estos modelos no constituyen momentos en la historia del grupo, sino, fórmulas en torno a las cuales se reagrupan las actividades. 

Según los grupos, se puede encontrar una utilización variada de éstos modelos, o bien, un modelo único, al cual se le llega a través de una progresión regular o desarrollada de los modelos utilizados. En los grupos más heterogéneos, debido a su composición, tienden a estructurarse en torno a modelos divergentes, lo cual implica una división en pequeños grupos, según sus intereses (otra forma haría difícil su funcionamiento). Esta separación es considerada como la fórmula, aunque no siempre “instituye la oposición latente entre los individuos”. El modelo contrario lo encontramos en el grupo homogéneo, el cual es general, se estructura más o menos rápido, en torno a una sola fórmula. Lobrot considera esta descripción un tanto superficial por lo que trata de profundizar un poco más, situándolo a un nivel psicológico, profundizando en los verdaderos intereses del grupo; es decir, en la angustia y el miedo que engendra la estructura exterior y hasta la sociedad global.

En este nivel se considera a quienes se deciden a realizar un trabajo porque desean ganar un examen, o bien, ser mal juzgados por la sociedad, situación que no representa en el fondo interés alguno en sí, salvo por la dinámica que engendra a nivel de la organización, lo cual redunda en una experiencia positiva para los individuos, debido a los obstáculos que deben salvar y desde este punto de vista, el valor de la autogestión es pues, de considerable importancia. El beneficio sería aún mayor si no existiera esta presión exterior, pero considerando el impulso intrínseco que lleva implícito el proyecto, es en sí mismo, bastante satisfactorio.

El segundo caso, es aquel de los participantes que se sienten menos presionados por las exigencias exteriores y más por la auténtica investigación, para ellos que no son insensibles a estas exigencias logran orientarse en el sentido que ellos ordenan, en cuyo caso los resultados no son tampoco despreciables, aunque su dinamismo fundamentalmente disminuye. Como último caso, podemos considerar aquellos que son completamente insensibles a toda presión exterior y no presentan interés alguno por el trabajo intelectual y en cuyo caso vemos que adoptan generalmente el modelo de apertura, el cual desde el punto de vista pedagógico es siempre provechoso. www.ts.ucr.ac.cr 50 De todos modos, sean cuales fueren las motivaciones profundas y los modelos a los que se impulsen, sea cual fuere la homogeneidad del grupo, hay pocos participantes que aspiran a un trabajo de investigación o de elaboración auténtico. La motivación más adecuada se sitúa todo lo más, en el plano de la investigación organizada. Cabe preguntarse cómo en estas condiciones, la autogestión puede presentar una ventaja cualquiera para lograr adquisiciones, asimilar conocimientos o enriquecerse intelectualmente. La pregunta solo podría ser negativa si se considera la vida mental de manera mecánica, como a menudo se hace, si se admitiera por ejemplo, que el solo enriquecimiento mental posible consiste en integrar informaciones, aprender más, o alguna otra cosa por el estilo. En realidad, la dinámica del grupo autodirigido como de todo grupo en el cual el individuo puede expresar sus necesidades esenciales, engendra no sólo una satisfacción de esas necesidades y de los intereses, una reestructuración de la afectividad fundamental. La personalidad se modifica, evoluciona y se convierte en “otra”. Se produce un fenómeno esencial que se llama vulgarmente “educación”. La autogestión, contraria al trabajo en equipo que conduce a una simple convergencia de actividades, permite una experiencia existencial, cuando el participante del grupo descubre a través de la simple conversación o de la estructuración de un cierto “orden” la confrontación de las ideas mismas que le permiten vivir los intercambios y las influencias que deberían producirse normalmente en una sociedad no mecanizada.

Lobrot no cesa de insistir sobre los aspectos positivos de la autogestión, y por tal razón vuelve al caso del grupo heterogéneo, sobre el cual señala, que corre el riesgo (dada su naturaleza) de evolucionar en dirección al malestar y la separación, pero que esta heterogeneidad inicial puede ser a la vez de gran beneficio para aquellos que no desean trabajar, partiendo de la suposición de que el interés mostrado por los otros, despertará en los otros su deseo de experimentar. Asimismo, parte del supuesto de que la experiencia que cada cual tiene por su trabajo es, a la vez, influida por el espectáculo de la experiencia del otro; a raíz de lo cual concluye que: el grupo heterogéneo tiene la posibilidad de lograr cierta homogeneidad respecto de los intereses, pues éstos se modifican considerablemente y hasta pueden transformarse por entero. Sin consideramos al grupo inicialmente homogéneo centrado sobre su trabajo cooperativo, es evidente que éste permitirá que los individuos progresen por el camino en el que se han interesado y que al enfrentarse unos con la actividad de los otros y su manera de abordar los problemas, se producirá consecuentemente una circulación de las informaciones y de los descubrimientos, en la que se integra la intervención técnica del docente o instructor. La progresión de los participantes la apreciamos a partir del momento en que se obligan a explicar sus puntos de vista y a justificarlo, con lo cual se vuelve al mejor modo de formularse a sí mismos los propios conocimientos, “visto desde este ángulo el grupo autodirigido no es tanto un grupo que hace nacer la necesidad como un grupo que permite satisfacerla, por una acción libre y de ensayo que cada cual adopta por sí mismos”. No posee esa rigidez del grupo tradicional sumido a una autoridad. Es creador en la medida en que cada uno de sus miembros puede mostrarse activo en él.
También puede decirse que el beneficio esencial de la autogestión reside en el hecho de que cada uno de los participantes parte de sí mismo y se apoya en otro. Partiendo de sí mismo, está sin cesar implicado y apoyándose en otro, está sin cesar ayudado. La dialéctica entre el yo y el otro se realiza al máximo. Seguidamente podemos situarnos en el plano del monitor, del docente que ha renunciado a su poder, preguntándose, ¿qué puede hacer?, ¿qué piensa?, ¿de qué puede servir?. Angustia que no deja de ser un problema en la medida en que corre el riesgo de ser mal percibida por el grupo y en esencial porque impulse al instructor o monitor a presentar la experiencia bajo un aspecto inadecuado o falso. Lobrot vivió esta experiencia y nos relata que un grupo de “pedagogos institucionales” pensaba que era necesario presentar a la clase el método que se emplearía diciéndoles que ellos mismos tendrían que organizar su trabajo y que éste quedaría bajo su responsabilidad. En su concepto, esta es una manera falsa e inadecuada de presentar la experiencia, porque obliga de golpe a los participantes a un trabajo que la mayoría de los miembros del grupo no desean hacer. En este caso, es hacer gravitar sobre el grupo el peso de una condena implícita en este caso de que no realizaran trabajo alguno.

Es conveniente, en tal caso, desde el inicio de la experiencia, dejar al grupo en completa libertad y que haga lo que le plazca, pero, a partir de este momento ¿qué puede hacer el docente?. La respuesta que nos sugiere Lobrot es guardar silencio. El valor del silencio por parte de quien ha detentado el poder de hablar, de dirigir y dar consignas es el gran descubrimiento de la técnica psicoanalítica, “el silencio sistemático y prolongado es la concretización de la no- directividad; es la no- directividad en acto”(*) El silencio no puede prolongarse indefinidamente, pero debe romperse siguiendo normas precisas: En primer lugar, el docente o monitor puede ayudar al grupo en su esfuerzo por alcanzar la palabra. La interpretación de los mensajes es considerada como peligrosa para Lobrot, ya que es factible que el monitor caiga en el error de hacer juicios de valor, por lo que en este caso nos recomienda recurrir al análisis rogeriano, previniéndonos, a la vez, no caer en un estudio etiológico. Nos dice que lo más útil aún es el análisis del mensaje; el cual consiste en la descomposición del mensaje en sus diferentes fases y en su progresión, y sobre todo en el reflejo de los sentimientos, a través de la revelación de los sentimientos efectivamente percibidos por el docente.

A su vez, el análisis rogeriano puede convertirse en un análisis institucional, ya que tiende a “reflejar los esfuerzos del grupo por darse instituciones o un estudio objetivo sin juicios de valor de las instituciones efectivamente descubiertas”(*), y más aún sobre la base de este análisis, poco a poco pueden crearse lazos y relaciones de gran importancia posterior entre el grupo y el monitor o docente. Es conocido el principio de la demanda o solicitud, al igual que el cómo el docente puede desempeñar un rol de técnico de la organización e incluso de informador, pero Lobrot nos lleva aún más lejos, cuando nos dice que éste debe limitarse a un rol de consultante nada más. Lobrot conoce profundamente el problema, por experiencia sabe que el grupo percibe con suma rapidez toda intervención como una forma de consigna y dado su estado de dependencia para volver nuevamente al sistema tradicional. A través de este método el docente se va integrando al grupo progresivamente, introduciéndose en el campo de decisión él mismo, como un objeto se integra en el campo de la conciencia de un individuo por la medición de su afectividad. Al finalizar el proceso, el docente puede verdaderamente dialogar con los miembros del grupo, comunicar sus ideas y transmitir su conocimiento, ya que se encuentra exteriorizado, el vivido como miembro integral que se comunica con el grupo de igual a igual. “La relación de amistad- meta de toda pedagogía auténtica se encuentra verdaderamente realizada. Sólo en ese momento la mayor riqueza que hay en él y que no (*)Idem. www.ts.ucr.ac.cr 55 es un “mito” puede servir afectivamente para otra cosa que ser temido y adorado como una divinidad”(*) Seguidamente podemos apreciar aún otro problema cual es cómo se debe considerar la demanda de un grupo como verdadera y a cuales demandas o solicitudes debe el docente dar respuesta. En toda experiencia de autogestión, es corriente que algunos individuos, particularmente angustiados o dependientes se dirijan al docente solicitando su intervención. Es evidente que éste no puede responder a todas las demandas, y que, aún las solicitudes más generales pueden no ser colectivas, por lo que no hay procedimiento al respecto que puedan ser considerados como privilegiados. En el presente caso, el docente sólo debe intervenir cuando sienta, que la demanda es verdadera aún si es explicada por un solo miembro, a través de una exploración sistemática, y siempre teniendo en cuenta que el grupo es el soberano en sus decisiones y que él debe someterse al acuerdo explícito del grupo. Y aún puede presentarse otro problema, a saber, cuál es la posible intervención del docente ante la solicitud del grupo de asumir una actitud disciplinaria contra uno o varios miembros del grupo. Lobrot es tajante al respecto; en su opinión, una intervención al respecto del docente está completamente excluida de su campo de actividades, salvo si se tratara de tomar medidas contra un miembro que amenazara la integridad física de otros. (*) Idem.
Otro de los problemas, por cierto de suma importancia en todo grupo autogestado, es saber detectar cómo siente el grupo al docente, así como cuál puede ser la actitud del docente frente a este sentimiento. Tanto el psicoanalista como la dinámica de grupo han insistido mucho en los fenómenos de dependencia, contra- dependencia, transferencia y contra- transferencia, pero estos problemas no tienen la misma dimensión ni en el grupo de diagnóstico ni en el grupo autogestado, en el cual, si bien en un primer momento se espera del docente que actúe como tal, la decepción del grupo frente a su nueva actitud es tan grande que a menudo reacciona por la ironía, la agresividad, la inquietud y el desprecio; sin embrago, poco a poco, toman conciencia de que no pueden contar con él y que deben hacerse cargo de su situación, actuar y trabajar. Sólo esta aceptación puede integrar al docente con otro estatus. Como puede verse, los problemas de carácter psicológico que hemos mencionado antes, no pueden presentarse debido a la diferencia de la relación, como ocurre por ejemplo en la cura psicoanalítica.

A este nivel puede presentarse más bien otro problema, llamado por Lobrot y seguidores de “complicidad” y que consiste en el seguimiento del grupo de solidaridad con el docente en su actitud y rechazo a asumir toda actitud de poder, solidarizándose con él y atribuyéndole sentimientos de odio o de venganza, solicitándole que les sostenga en su rebelión contra los otros o la institución, de ahí a querer comprometerlo o solamente hacerlo hacer actos que lo comprometan no hay si no sólo un paso, y evidentemente, el docente no podría renegar de sus miras fundamentales, si éstas le llevan demasiado lejos. Lo único que puede hacer en la presente situación es alentar a los participantes del grupo (*) Idem. a que profundicen en su propia rebelión con el objeto de que lleguen a un sentido más concreto y eficaz y que no se pierdan en aspiraciones quiméricas, que lleguen a dañarles sin dañar a la sociedad misma. Este aspecto es eminentemente formal, recordemos que el problema del adolescente consiste en superar una simple rebelión verbal, emocional, para llegar a actitudes adaptadas y realistas que tiendan a la transformación de la sociedad, integrándose a la vez en ella. En éxito consiste en que la rebelión del adolescente, no se pierda como ocurre las más de las veces. Siguiendo con nuestro análisis llegamos al problema del poder sobre el cual no habíamos profundizado, partamos del poder en su sentido político, el cual presupone esencialmente instrumentos de poder que supone: “Esencialmente el hecho de que tal individuo o tal grupo de individuos tiene en sus manos medios tales que pueden, de manera casi mecánica, hacer realizar a los otros actos que éstos no tienen deseos de llevar a cabo, que pueden ser, según los casos, actos negativos como no robar, no matar, etc., o actos positivos como trabajar, etc. Para realizar esto se requiere de un cierto número de condiciones:
a.) La primera condición es crear una amenaza, que para que sea eficaz debe apuntar contra las necesidades vitales del individuo, es ejercitada a través de una violencia,
b.) La segunda condición es que dicha amenaza no pueda ser evitada, si se evita, el que la ejerce pierde poder ante el amenazado,
c.) La tercera condición es que esta amenaza no pueda tampoco ser desviada, ni haya modo de escaparse de ella.

El docente, está igualmente investido de ciertos instrumentos de poder, ya que puede ejercer cierto número de castigos que aplican los órganos disciplinarios del establecimiento en que se encuentra, como por ejemplo expulsar de su clase y hasta del establecimiento o centro educativo a un alumno, o hacerle perder el examen si forma parte del jurado examinador. Pero el docente que practica la autogestión en su clase, renuncia a todo poder de esta especie. Por tal razón, la crítica que se le puede hacer a la autogestión es que ésta sigue ejerciendo el poder aunque de otra manera es rechazada tajantemente por Lobrot, recordándonos que todas las actitudes del docente tienden a abandonar el poder en la medida de sus posibilidades y que lo único que puede ocurrir, muy a su pesar, es el que sus alumnos lo perciban como amenazante. Igualmente, se puede rechazar el argumento de que el docente de un grupo autogestado, pone en manos de sus alumnos el poder, esto es falso, ya que éstos no pueden ni poseen en ningún momento los instrumentos de poder de que hemos hablado, ni están investidos de tal por la autoridad superior cual es el caso del docente que renuncia a asumir actitudes de poder, además de esto, recordemos que la autogestión es un sistema o método que consiste en la abolición de todo poder en el seno de la clase, o de manera general en el seno de la célula social considerada. ; Así pues, si el grupo funciona según el principio de la autogestión, “educa” a sus miembros sin saberlo, pues los vuelve autónomos, independientes y creadores.

Haciendo esto, prepara el advenimiento de una sociedad no burocrática mucho mejor que mediante su acción exterior. El grupo no sólo es autodirigido, sino además autoformado. Son éstas pues, las razones por las cuales abogamos por la introducción de la autogestión pedagógica, con la cual en nuestra opinión se educaría a la población, ayudando de esta manera a formar hombres autónomos, capaces de realizarse a sí mismos. El problema de la burocracia así como el de las relaciones de poder son de muy difícil situación o de nunca acabar, pero es importante analizar, cómo la autogestión pedagógica induce a los individuos a una lucha constante contra la burocracia, creando un funcionamiento interno en el grupo que les lleva a una modificación constante de las instituciones y de la creación de modelos más adecuados al ser humano. Así pues, el fin último no es introducir exactamente una nueva relación maestro- alumno, sino que se trata de promover una nueva concepción de la cultura y de la aculturación opuesta a la concepción tradicional.

BIBLIOGRAFÍA
  • Ferry, Gilles (1972). La practique du travail en groupe. Editorial DUNOP. París, Francia.
  • Freire, Paulo (1973). La Educación como Práctica de la Libertad. Editorial Siglo XXI. 9 a Edición. Buenos Aires, Argentina.
  • Freire, Paulo (1971). Concientisation: Recherche de Paulo Freire. Document de Travail. Editorial D’ Alsace. Francia.
  • Freire, Paulo (1975). Concientización y Liberación (Una Conversación con Paulo Freire). Editorial Instituto de Acción Cultural. Argentina.
  • Lapassade, Georges (1972). L’ autogestion pédagogique. Editorial Gauthiers Villars. París, Francia. 
  • Lobrot, Michel (1972). La Pedagogie Institutionnel. Editorial Gauthiers Villars. 3eme Edición. París, Francia.
  • Lobrot, Michel (1974). Ll’ animation non- directive des groupes. Editorial PAYOT. París, Francia.



RESPONDE (coloca tu nombre al final)

  1. Después de haber leído e texto realiza una comprensión sobre cada una de las teorías

  • TEORIA DE LA NO DIRECTIVIDAD  DE CARL ROGERS
  • TEORIA DE LA DINÁMICA DE LOS GRUPOS DE KURT LEWIN
  • TEORIA DE LA EDUCACIÓN COMO PRÁCTICA DE LA LIBERTAD DE PAULO FREIRE
  • TEORIA DE LA PRÁCTICA DEL TRABAJO DE GRUPO DE GILLES FERRY
  • TEORIA DE LA AUTOGESTIÓN PEDAGÓGICA Y LA PEDAGOGÍA INSTITUCIONAL DE MICHEL LOBROT
     2. ¿Cómo aplicarías o adaptarías estas teorías en tu proceso de aprendizaje como maestro en formación argumenta por qué?


lunes, 11 de julio de 2016

INVESTIGACION-INTRODUCTORIO


¿Que significa investigar?

Investigar es una actividad natural del ser humano.

La investigación como tal surge de la necesidad propia del hombre de preguntar ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo?, en fin, de responder todos los cuestionamientos acerca de el, de su vida y de su medio.

No siempre la investigación fue la respuesta a esas preguntas. En la antiguedad, la humanidad solía dar respuestas a esas preguntas por medio de sus creencias y suposiciones.
Es entonces que surge la ciencia, y con ella, el conocimiento fundamentado (podría sonar a pleonasmo, ya que está es una característica necesaria en lo que llamamos conocimiento)
Para poder comprobar la veracidad de lo que se supone o se cree, el ser humano crea un sistema de ideas y métodos qué trabajan interactuando de forma lógica: "la investigación"
Investigar es, por tanto, una actividad propia del ser humano, que tiene como objetivo conocer la verdad de las cosas. Para investigar se requiere de un PROCESO, inserto en un sistema de creencias e ideas, que me lleve a comprobar o describir esa realidad o fenómeno del cual quiero apropiarme intelectualmente, al cual quiero conocer.

Analicen la siguiente presentación que explica un poco más lo que es este Proceso de Investigación Científica (PIC)

Paradigmas Cualitativo y Cuantitativo en Investigación

Un paradigma es un sistema de creencias que nos hacen ver el mundo como lo vemos.

Un paradigma nos hace entender al mundo con una lógica específica, y en base a esa lógica es que interactuamos con él.

Un ejemplo muy sencillo. Imaginense a ustedes mismos como nativos Americanos antes de la llegada de los españoles. Está lloviendo y de pronto cae un rayo en su casa que esta en medio de un campo abierto ¿Qué explicación le darían al suceso?

Probablemente podrían atribuirlo al castigo de algún Dios, dado que su lógica de pensamiento de lo que era el mundo, del porque pasaban las cosas, atribuía a los dioses la resposabilidad y el destino de lo que sucedía en su mundo.
Otro ejemplo, la visión paradigmática de un ateo es: 
1. No creer en la existencia de un dios.
2. Atribuir a causas naturales y físicas cualquier fenómeno que ocurra.
3. Creer en lo que ve y en lo que tiene pruebas.

Desde esta manera opera un ateo, no va a misa, no cree en milagros y por lo tanto no reza ni espera que un ser mágico o divino le solucione la vida, este sistema de creencias le permite interpretar su realidad, de tal manera que si alguien padece una enfermedad mortal y se alivia, el no va a creer que fue un milagro, sino que situaciones naturales causaron esa modificación del estado de salud.

Les envio este video que explica un poco más lo que es un paradigma. ver video https://www.youtube.com/watch?v=3FVhJVWej9E

Ahora bien, el ser humano a tratado de conocer que es el mundo y lo que pasa en el a lo largo de la historia.

¿Como ha tratado de conocerlo? primero a partir de sus propias lógicas (o paradigmas)sin algún sustento más allá de sus propias creencias.

Posteriormente lo hizo a través de la ciencia.

La ciencia es pues una forma que encontró la humanidad para comprender y conocer su mundo, de una manera objetiva liberada de la creencia y fundamentada en la realidad, ya que entendió que para poder compartir lo que conocía y para que este conocimiento fuera válido para todos, tenía que buscar las formas de que este pudiera ser verdadero.

Para que poder dar este carácter de verdadero al conocimiento, se hizo necesario crear las formas para conocer la veracidad de las creencias humanas, así surge la investigación.

Pero la investigación, como todo proceso intelectual humano, esta sujeta a paradigmas. De manera específica, son dos los paradigmas que han prevalecido en la investigación: el cuantitativo y el cualitativo.

El primer paradigma surgido para realizar la investigación es conocido como cuantitativo. Este paradigma surge en un mundo que entendía la realidad bajo las siguientes premisas:

1.- El mundo es inmutable, no cambia.
2.- Las cosas existen por si mismas independientmente del hombre.
3.- No es posible que existan varias verdades para un solo fenómeno. 
4.- Solo lo objetivo, esto es, lo que el objeto de conocimiento es, es real. Cualquier modificación del objeto, hecho por las creencias del sujeto, falsean la realidad.

Si se fijan, este planteamiento presenta una serie de "verdades" ( faltan más, no son todas) que hacen que el hombre interaccione con la realidad y de manera especial, el investigador.

Un investigador con este paradigma considera a la realidad como algo cuantificable, generalizable. No ve en el contexto un elemento que pueda determinar la modificación en la comprensión y explicación de un fenómeno.

El sistema de creencias de este investigador forma el paradigma.
Pero según Khun, un paradigma tiene como "vecino" a otro paradigma. Esto es siempre un paradigma es sustituído por otro paradigma.
Y esto está pasando con el paradigma cuantitativo en investigación, sobre todo en los fenómenos sociales, como los psicológicos.

El paradigma cualitativo, es un paradigma emergente en investigación que tiene varias premisas como:
1. El mundo es mutable, se adapta y cambia junto con la realidad.
2. EL mundo existe pero el ser humano lo modifica con su acción. En la configuración de la realidad interviene la interpretación del sujeto que la investiga.
3. No existen verdades únicas. Los fenómenos son modificados por el contexto.
4. El conocimiento es objetivo, para llegar a la verdad es necesario considerar las modificaciones que el sujeto hace al interpretar y dar significado a la realidad.

Desde esta perspectiva, el investigador cualitativo trata de reconocer en la realidad, aquellas cosas que el hombre interpreta para evitar que dicha realidad sea modificada por el sujeto que la investiga.

A continuación les mando este link donde se explica un poco más lo que implican ambos modelos: cualitativo y cuantitativo. orientado a la investigación educativa pero aplica igual.

Responder las siguentes preguntas


1-¿Que entiendes por investigación?
2-¿Que es paradigma cualitativo?
3-¿Que es paradigma cuantitativo?
4-¿cComo influye la investigacion en la educación?




INVESTIGACION- 1 SEM PFC 03


¿PARA QUE INVESTIGAR?

Esta breve introducción, de carácter problematizador, no es una presentación del contenido de los artículos, sino una construcción que pretende mostrar a los lectores interesados en la investigación cómo construir un marco teórico utilizando a los autores y suscitar el interés por el estudio de los trabajos que despejan el camino acerca de lo que es la investigación y de la necesidad de ésta para la recuperación, actualización y descubrimiento del conocimiento que permita su apropiación, en tanto capital cultural incorporado, en el sentido que da Bourdieu. Corresponde a cada autor la responsabilidad de sus afirmaciones, así como a nosotros lo que hemos escrito en este espacio. El arte de investigar constituye un axioma1 particularmente enigmático en el sentido que no se ve la evidencia de la afirmación, sino que requiere una argumentación para hacernos ver su verdad desde el punto de vista epistemológico. Esto nos lleva a preguntarnos si investigar es un quehacer científico o una expresión artística del investigador, o bien una manera técnica de acercarse a la realidad de las cosas, los hechos sociales y los eventos históricos.

¿El crear conocimiento es producto de la reflexión teórica del investigador, encerrado en una torre de marfil, o en su cubículo, pensando y deduciendo consecuencias y conclusiones de un axioma?, ¿o es producto de la utilización de una serie de técnicas para recabar información y deducir ideas explicativas nuevas? ¿Es un arte en el sentido de una manifestación de la genialidad creadora del investigador?, ¿o es producto de la aplicación lógica de una serie de pasos a seguir para descubrir las causas y los efectos de los acontecimientos y hacer inteligible la realidad social? Las preguntas anteriores nos llevaron a convocar a un conjunto de experimentados investigadores a fin de conocer sus puntos de vista y su concepción del quehacer investigativo, más allá de la vieja discusión de las modalidades de la investigación que imperó en los primeros años de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco (uam-x) y que, en cierta manera, está presente en nuestros días, a 35 años de distancia de su creación: investigación para la docencia, es decir, para el aprendizaje o investigación generativa de nuevos conocimientos. ¿Qué características debía reunir la investigación en un sistema innovador como lo fue el Sistema Modular de la uam-x? La respuesta se dividió en dos: por una parte, la investigación en el aula, en torno a los objetos de transformación, es de carácter pedagógico, es decir, para el aprendizaje. En otras palabras, es un proceso de descubrimiento del conocimiento y de apropiación del mismo para la formación de los alumnos, de allí su nombre de “investigación formativa”; por otro lado, la investigación de los docentes debería ubicarse en el campo de la creación de nuevos conocimientos, es decir, de la investigación generativa, lo que permitiría llevar al aula los conocimientos más actuales sobre los temas de investigación del propio docente. De esta manera el aprendizaje se centraría en los intereses de los alumnos y se abordaría a través de la investigación formativa, reforzada por los aportes de la generación de conocimientos del docente en turno.

Al paso de los años, la experiencia exitosa y las dificultades encontradas en el proceso de enseñanza-aprendizaje nos han llevado a buscar soluciones a los problemas reales que encuentran los alumnos y los profesores para realizar investigación y para llevar al aula esos conocimientos recuperados o generados en el proceso investigativo. Los textos reunidos en este libro no son sólo la expresión rápida de unas ideas en el contexto de una conferencia, o de una mesa redonda, o de un seminario, sino son producto de una reflexión sólidamente fundamentada por los autores que tuvieron a bien revisar y corregir sus ponencias a fin de transformarlas en ensayos o artículos de carácter científico para apuntalar sus opiniones y convicciones acerca de lo que es la investigación en el contexto de la formación de los alumnos de todas las carreras. Es decir, este libro no es exclusivo para los estudiantes de ciencias sociales y humanidades, sino para todos: médicos, arquitectos, ingenieros, enfermeros etcétera, ya que la epistemología como fundamento de la cientificidad de la investigación es necesaria para cualquier tipo de investigación que se realice en cualquier campo del saber y del sentir humano, como el arte, por ejemplo, y de la expresión oral y escrita de carácter poético. Luego entonces, la investigación se constituye en un arte, afirma Meza citando a Spinoza. la reflexión teórica y la aplicación de técnicas para recopilar información y transformarla en datos requiere no sólo conocimientos de la disciplina, sino una fuerte dosis de arte, en el sentido del saber hacer práctico, cuasi artesanal para saber acercarse a la realidad a investigar y allegarse información útil con el objetivo de descubrir las relaciones internas de los hechos observados y crear nuevos conocimientos, al menos para el investigador, acerca de la realidad estudiada.

Los trabajos aquí reunidos abordan una misma problemática desde diversos puntos de vista: los primeros se ubican en el plano de la epistemología; una segunda serie versa sobre los métodos de investigación; la tercera implica reflexiones desde el uso de la estadística en investigaciones de carácter cuantitativo: finalmente, hay una serie de trabajos que reflexionan acerca de los diferentes métodos y de la potencialidad de inteligir la realidad de cada uno de ellos, así como la diferencia entre método y técnicas.

El conjunto constituye un material muy importante para los estudiantes de ciencias sociales que pueden consultar las diferentes posiciones teóricas de los autores y a la vez fortalecer su formación como cientistas y profesionales de las ciencias sociales.

Epistemología y conocimiento social 

En este punto se plantea una serie de problemas desde la perspectiva de la epistemología, vista ésta como la rama de la filosofía que se encarga de analizar los procedimientos de construcción del conocimiento. Desde la etimología epistemología viene del griego, episteme, “conocimiento”, y logos, “teoría”, tratado. En este sentido, la epistemología se ocupa de la definición del saber y de los conceptos relacionados, de las fuentes, los criterios, los tipos de conocimiento posible y el grado con el que cada uno resulta cierto; así como la relación exacta entre el que conoce y el objeto conocido.2 De esta forma, la epistemología analiza los criterios por los cuales se justifica el conocimiento, además de considerar las circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a su obtención. Por tanto, la epistemología es la doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico, por lo que es la teoría de la ciencia.3 Ahora bien, en la práctica se trata de tener una actitud de observancia y de “vigilancia” epistemológica”; es decir, de revisar la rigurosidad de la recolección de los datos, de la interpretación de los mismos a la luz de la teoría de referencia y del margen de la interpretación subjetiva del investigador, el cual nos es difícil evitar. En todo caso, la rigurosidad se manifiesta en la relación estrecha entre nuestros planteamientos o problema a investigar, las preguntas de investigación o hipótesis, la teoría que se maneja y el análisis de los datos, proceso en el cual se crea nueva teoría, con lo cual se hace avanzar la ciencia —ello implica analizar acontecimientos y no sólo hechos—. Analizar hechos es mantener la distancia “objetiva” entre el investigador y lo investigado; reconocer acontecimientos conlleva el involucramiento personal y la búsqueda de categorías nuevas que nos permitan expresarlo. La reflexión crítica sobre este proceso constituye la vigilancia epistemológica. Esto no impide reconocer otras formas de conocimiento como el artístico, el poético, el filosófico, el religioso, procedente de la literatura o incluso del mito, que va más allá del conocimiento “científico”, positivista, racionalista o tecnológico, propio del pensamiento racionalista-instrumental occidental y capitalista (Sáez). La creatividad del individuo es el origen de esta búsqueda de nuevos conceptos y categorías que logren traducir lo que está sintiendo, viviendo y procesando en su investigación.

El difícil camino de la investigación social Hablar de investigación hoy en día parece ser una moda ya que todo mundo realiza encuestas de opinión, de tendencia al voto, de prácticas sexuales, de adicciones etcétera. Ahora, todos se creen sociólogos, epistemólogos, psicólogos, como si realizar una encuesta a partir de un cuestionario fuese por sí mismo científico. Se opera como si los números y el discurso que de ellos deriva fuesen apodícticos, ignorando lo que Javier Meza analiza en este mismo libro: “A menudo las palabras nos usan y nos dictan nuestros discursos, de ahí que lo más importante es aprender a usarlas y a tener mucho cuidado con ellas, tanto con lo que dicen como con lo que no dicen y con la forma como lo dicen”. Esta afirmación puede trasladarse al caso de los números, que no hablan por sí solos, sino que dependen de cómo los usemos, de que descubramos qué dicen y cómo nos lo dicen, y sobre todo qué nos dicen. Con frecuencia éste es un error que comenten los que piensan que la verdad absoluta está en los números y confían todo a la interpretación numérica de las encuestas. No creemos que esto sea con el ánimo de engañar a los lectores, sino que es producto de una falta de vigilancia epistemológica que conlleva el autoengaño. Cuando hablamos de investigación, no nos referimos exclusivamente a los grandes investigadores consagrados y catalogados como sni iii o eméritos, sino también a los jóvenes aprendices que se encuentran en las aulas, tanto de la primaria como las universitarias, ya que una buena educación debería enseñar a cuestionar todos los eventos y a analizarlos antes de aceptarlos y darlos como verdades irrefutables. Pero para ello se requiere formación, preparación, ejercicio y trabajo que nos permita recuperar el conocimiento acumulado socialmente y re-crearlo para nosotros mismos. Esto es lo que denominamos investigación formativa, o investigación para aprender. Aprender a aprender implica investigar en términos generales, lo que nos permitirá, posteriormente, generar nuevo conocimiento. Esto es lo que se denomina investigación generativa.

Investigar resulta difícil porque no hemos sido habituados para ello desde la temprana educación, sino al contrario, la sociedad mata la creatividad, la curiosidad y la tendencia a investigar propias de los niños para “protegerlos de los peligros en los que puedan incurrir”. Pero lo mismo sucede en la escuela, en la que un adiestramiento memorístico termina por sofocar toda tentativa de saber más y de buscar por cuenta propia. El resultado es la pereza mental que nos invade cuando estamos en la universidad. Esa actitud es la que dificulta el proceso investigativo. No estamos acostumbrados a preguntarnos el porqué de las cosas, no cuestionamos, aceptamos el argumento de autoridad y admitimos lo que se nos dice como verdad absoluta. El principio de la investigación es el cuestionamiento, el preguntarse por qué, cómo, cuándo, dónde, quién lo dijo o lo hizo, para qué, cuál es el sentido de los acontecimientos. Es, por tanto, una actitud frente a la vida ante las situaciones que vivimos o influyen en nuestra existencia. Por ello es una actitud vital, vivencial, cuestionante de nuestra propia pasividad y sumisión ante la imposición de un punto de vista o de una voluntad política.

No se trata sólo de aplicar un método —aunque cuando se está aprendiendo es importante tener una guía—, sino de sentir y vibrar con la pasión propia del adolescente que descubre el amor por primera vez, a fin de vivir con pasión la aventura del descubrimiento del conocimiento y de su re-creación a partir de la apropiación del mismo para penetrar en los arcanos de la realidad. No se trata de saber toda la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad, sino de penetrar en el laberinto de la realidad, vista desde nuestra subjetividad, y conocer algunos de sus aspectos. El método ayuda, pero no es todo, se requiere ese pathos que decían los griegos (pasión, sentimiento profundo) para involucrarse en los acontecimientos y tratar de llegar a una explicación plausible y cercana a la realidad. Es un camino propio —“caminante no hay camino, se hace camino al andar”—, a investigar se aprende investigando, pero la ayuda es necesaria y debe ser bienvenida —es lo que Vigotsky denomina “aprendizaje colaborativo” y “zona de desarrollo próximo”, que admite el apoyo del tutor, del maestro o de quien tiene más experiencia que nosotros—. Luego, hay una parte de guía y una parte de autoaprendizaje. Hay una buena dosis de aprendizaje y una, tal vez mayor, dosis de creatividad, poesía y arte. Por eso hablamos del difícil arte de investigar, que no sólo es método, sino prosa, poesía, literatura, filosofía, algo de mito, si por mito entendemos las explicaciones fundantes de una sociedad, de un grupo o incluso de una familia que dan vida a una realidad social, encarnada en los hombres y sus relaciones: el conocimiento no sólo es científico, sino también estético.

La construcción de la realidad por el investigador responde a la pregunta que se hace Gerardo Ávalos en su trabajo: “¿Es la forma social producto de la mente genial del filósofo, pensador o científico que la concibe y la comprende o, antes bien, es un resultado histórico, encarnado, por decirlo así, en el pensamiento de un individuo concreto de carne y hueso?” En cierta manera el sujeto cognoscente construye la realidad desde la posición que su tiempo y espacio históricos le han proporcionado; en otros términos, desde su horizonte de cognoscibilidad, su experiencia vivencial y los intereses subyacentes a su acción, que dimanan de una persona concreta ubicada históricamente en un espacio y contexto socio-temporal determinados. El conocimiento, para Piaget, es un proceso de acción transformante de la realidad conocida, y, por ende, del sujeto cognoscente, a partir de la experiencia y de los conocimientos anteriores que permiten interpretar las realidades relativamente nuevas en una estructura conceptual dominada por el sujeto y en la cual se estructuran la percepción de las nuevas experiencias, es decir que posibilitan la transferencia de conocimientos a la nueva realidad construida y por explicar. Si bien no se trata del proceso de adecuación propuesto por Aristóteles entre sujeto y objeto, es indudable que entre sujeto cognoscente y realidad construida como objeto de conocimiento hay una relación constituyente del proceso de construcción del conocimiento por parte del sujeto, que modifica tanto a la realidad conocida como al sujeto mismo. No se trata sólo del individuo, sino del sujeto colectivo, es decir, la sociedad, porque el conocimiento es una construcción social, es un proceso colectivo, que supera el proceso neuronal propio de cada individuo, como lo menciona Fernando Sancén en este mismo texto. El conocimiento se produce en la acción misma sobre el entorno social y natural del hombre, en la interrelación de los sujetos con el mundo exterior, en el contacto con lo diferente, con la otredad, cargada de su experiencia vital y en devenir constante.

Teoría y datos 


Uno de los principales obstáculos que se manifiestan en los estudios sociales es la posición o postura ideológica del positivismo, que proclama la realidad absoluta de los hechos como la única verdad. Postura que destruye al individuo como sujeto cognoscente y lo reduce a ser un mero reflejo de lo exterior. “Los hechos hablan por sí mismos”, sería la afirmación que nos hacen los positivistas. Todo se deriva de una teoría general de la cual se deducen las hipótesis  y se trata de ubicar los hechos dentro de esta teoría de manera que demuestren o desmientan las hipótesis formuladas deductivamente. Nada más lejano de la realidad, por lo menos en cuanto a las ciencias sociales se refiere. Lo mismo sucede con los matemáticos, que consideran a la estadística como el método supremo de investigación: si es cuantificable, es científico; si es científico, luego es verdad. Se parte de un sofisma muy engañoso por cuanto proclama que lo cuantificable es científico: los fenómenos son cuantificables, luego los fenómenos son científicos: nada más alejado de la realidad. Los fenómenos por sí mismos no son científicos ni a científicos, simplemente son, se presentan en la realidad social. Lo que es científico es la forma de abordarlos, de conocerlos, de analizarlos, de interpretarlos. Los números pierden la relacionalidad que existe entre los individuos y sus circunstancias concretas para unificarlos, homogeneizarlos y otorgarles el mismo sentido a las respuestas cuantificadas independientemente de los intereses propios de los mismos sujetos. Los seres humanos son cosificados, fetichizados, separados de sus propias intencionalidades para considerarlos como un todo homogéneo y cuantificable per se, en el que se pierde la intersubjetividad conceptuada y abierta a dimensiones más allá de la cantidad.

A partir de estas constataciones nos parece relevante el trabajo que presenta Gerardo Ávalos en esta obra al sostener su hipótesis de que “el arte de investigar debe practicarse siempre y necesariamente desde una constelación categorial adelantada por algunos pensadores imprescindibles, so pena de descubrir lo obvio”. Partiendo de autores clásicos provenientes del campo filosófico y de la economía política, como es el caso de Marx, Ávalos nos ilustra acerca de la necesidad de partir de un campo teórico ya elaborado por autores que nos precedieron. El cual ciertamente puede ser modificado, mejorado, superado, pero necesario para anclar nuestra comprensión de la realidad social e interpretarla desde nuestro horizonte de cognoscibilidad dentro del cual adquieren sentido los acontecimientos y los hechos sociales que investigamos. Esto no anula el proceso de creatividad artística y estética del conocimiento, sino lo fortalece y le da cimientos independientemente del método elegido. Ello significa que desde el punto de vista epistemológico, cualquier método requiere una justificación teórica. Ya lo decía el propio Comte, todo método requiere de su propia teoría. Por ello, en una investigación científica se requiere una discusión.

epistemológica acerca del método utilizado y de la rigurosidad de las técnicas de recolección de la información, así como de la manera en cómo fueron analizados los datos a la luz de los principios teóricos que se han manejado. Sin embargo, no se trata de justificar las teorías, sino de explicar la realidad, por ello el pensamiento científico es abierto y cambiante y las teorías, por consiguiente, deben tener la capacidad de modificarse si la realidad así lo exige. La función de un marco teórico es precisamente proporcionar este corpus de referencia para la investigación y la información que se está analizando. Lo cual no quiere decir que las hipótesis deban deducirse de la teoría, sino de la problemática que se está abordando en relación con la posible teoría que enmarca a la investigación.

El Proceso mismo de la investigación 

La formación para la investigación, o el aprendizaje fundamentado en la investigación, es un modelo educativo que se aplica en el sistema modular de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco; es decir, mediante un método de apropiación del conocimiento por descubrimiento, se trata de formar a los jóvenes estudiantes en el arte de investigar como una manera de aprender y, posteriormente, de generar conocimiento. Este proceso lleva a adentrar a los alumnos en las diferentes partes que implica una investigación en cualquier disciplina que estudien. Por ello es importante ubicarse en el campo propio de la ciencia estudiada antes de introducirlos en la investigación interdisciplinaria o multidisciplinaria. El campo de estudio es la dimensión macrosocial de una ciencia, cualquiera que ésta sea, y constituye en cierta manera una especificidad en relación con las demás ciencias, aunque tenga puntos de contacto con ellas. De esta manera, podemos afirmar que la sociología es muy cercana a la antropología, sin embargo sus campos de estudio son muy diferentes, a pesar de los puntos de contacto y de ser el hombre en sociedad quien se constituye en objeto de estudio de ambas ciencias. La antropología estudia a los seres humanos desde una perspectiva cultural y humanística, así como desde el punto de vista de evolución biológica y adaptación fisiológica al medio ambiente, cultura, lengua y costumbres, lo que da origen a las dos tradiciones: antropología física y antropología cultural; en tanto que la sociología tiene como objeto propio de estudio las relaciones de poder que se instauran en la interacción social de los individuos en el seno de la sociedad; interacciones mediadas por el habitus de los sujetos, según lo diría Bourdieu.4 Sin embargo, no es suficiente ubicarse en el campo de estudio, sino plantear un objeto de estudio, un problema que pueda ser abordado en un tiempo determinado y delimitado en su alcance espacio-temporal y en su amplitud a fin de poder estudiar uno o varios aspectos a profundidad. Es lo que se denomina planteamiento del problema, que tiene que ver también con el enfoque teórico que deseamos asumir. De esta intencionalidad emerge el recurso a la epistemología de Piaget para explicar el proceso de conocimiento y el papel de la investigación en la construcción del mismo, por parte del alumno. Lo que es importante desde el punto de vista epistemológico es la necesidad de problematizar el objeto de estudio, de lo contrario no tendríamos posibilidad de abordar la realidad a investigar. Por ello, es necesario reflexionar sobre el sentido de “construir la realidad”, que no es lo mismo que “explicarla”, ya que la realidad histórica se construye por sujetos que interactúan, por tanto, es una construcción colectiva, y el conocimiento es construido socialmente como lo afirma Olivé en La construcción social del conocimiento.

Por los caminos de la ciencia 

Hacer investigación parece ser un mandamiento universitario que se debe cumplir cueste lo que cueste. Nada más alejado de la realidad. Las funciones universitarias son fundamentales para la institución, no así para los individuos concretos, es decir, profesores y alumnos. Una de las funciones es efectivamente realizar investigación, y la misión de la uam-x es la de comprometerse con los grupos sociales menos favorecidos. Para ello, la investigación y la difusión de la cultura son parte de esta misión universitaria. Sin embargo, hay excelentes maestros que no hacen investigación generativa, sino se limitan a la investigación para el aprendizaje, es decir, recuperan conocimientos,  se los apropian y coordinan procesos de enseñanza-aprendizaje de alta calidad. Ambos tipos de investigación son necesarios en el ámbito universitario y útiles para la sociedad. Por eso el cuestionamiento que se hace Alberto Pierdant por qué y cómo investigar es central en el cumplimiento de la misión universitaria para impulsar el desarrollo y crecimiento del país, formando a sus cuadros directivos en todos los campos del saber para promover no sólo los aspectos económicos sino también los sociales como la justicia, la equidad y la solidaridad. Sobre el cuestionamiento de por qué investigar, pueden existir diversos intereses para hacerlo, sin embargo, el que nos parece central es el deseo de saber, de conocer a fondo una realidad, una situación específica, descubriendo sus causas y efectos, sus alcances y limitaciones para explicarnos los mecanismos que operan detrás de las eventos sociales. De esta manera, no sólo conocemos una realidad, sino que aportamos un nuevo conocimiento al acervo teórico correspondiente. En relación al cómo hacerlo, Pierdant avanza dos caminos que sintetizan los diferentes métodos: el análisis cualitativo y el análisis cuantitativo del problema. A ello podríamos añadir una manera mixta, es decir, trabajar datos cuantitativos y aspectos caulitativos de un mismo problema. En todo caso, aun los resultados numéricos requieren de un cierto marco teórico para ser interpretados, pues es un error epistemológico pensar que los núneros hablan por sí mismos o que la realidad no necesita ser interpretada. La reflexividad se aplica no sólo a lo cualitativo, sino también a lo cuantitativo so pena de caer en lo obvio.

Los caminos de la investigación son multivariados y enriquecedores, y al mismo tiempo diferenciadores de las posturas teóricas e ideológicas de los investigadores. Las grandes diferencias se ubican en el proceso de interpretación de los datos a partir de las premisas teóricas de partida: trabajos teóricos y trabajos empíricos. Los trabajos teóricos se orientan más al análisis de las propuestas teórico-metodológicas de los autores estudiados. Los trabajos empíricos se orientan al descubrimiento de las situaciones reales que se dan en situaciones concretas, que implican trabajo de campo y con frecuencia poca teoría; por lo general son más descriptivos que analíticos. Entre éstos se encuentran proyectos de carácter cuantitativo fundamentados en análisis estadísticos En cuanto a su impacto, se consideran dos grandes líneas de investigación: la básica y la aplicada. La primera está orientada a la generación de nuevos conocimientos y la segunda a la solución de problemas. Ambas posturas son necesarias e importantes. La investigación aplicada implica también orientación hacia la tecnología, sin embargo, es indispensable la epistemología para asegurar la capacidad creativa de conocimiento por parte del investigador. Es decir, al recurrir a la epistemología el investigador se convierte en un teórico de la ciencia, que no es lo mismo que hacer ciencia. En este sentido, para Severo Iglesias “el científico hace ciencia a través de un método y a partir de ciertos conceptos, pero cuando se pone a pensar de manera epistemológica sobre lo que está haciendo, ya no hace ciencia, deja de ser científico para convertirse en un científico de la ciencia, para convertirse en un epistemólogo”.5 La investigación básica está sujeta al análisis epistemológico para asegurar que el conocimiento construido es realmente científico y puede dar pie a una aplicación concreta dadas las mediaciones necesarias para vincular conocimiento y problemas concretos a solucionar.

De acuerdo con las grandes corrientes históricas, los métodos en las ciencias sociales, se han clasificado en dos grandes campos: cuantitativos y cualitativos. Desde el punto de vista de las ideologías manejadas y de los corpus teóricos construidos se han clasificado como funcionalistas, estructuralistas, historicistas, sociohistóricos, marxistas, fenomenológicos, positivistas, inductivos, deductivos, abduccionistas, reconstructivos o de la reconstrucción, del concreto abstracto concreto, método comprehensivo, así como combinaciones de los mismos. De acuerdo con el paradigma dominante, se considera como “método científico” al método experimental positivista, lo cual, hoy en día, nos parece un debate sobrepasado. Podemos afirmar que todos los métodos sin son rigurosos son científicos y todos aportan nuevos conocimientos, la elección de uno u otro depende del problema a investigar, y también de la postura ideológica del investigador. En cuanto a la orientación y las técnicas utilizadas, se consideran dos grandes divisiones: métodos cuantitativos y métodos cualitativos, y una combinación de los mismos. Según Rodrigo Pimienta, “ambos métodos, se consideran útiles de manera individual o complementaria, el acierto del investigador estriba en aplicarlos de forma provechosa en aquellos casos para los que resultan más adecuados”. En todo caso de lo que se trata nuevamente es de explicar la realidad, no de justificar un método u otro, y “es preciso reconocer que ni un conjunto de técnicas concretas, ni una serie de postulados axiomáticos bien elaborados son suficientes para expresar sin ambigüedades el mundo real”; es decir, los conceptos no son suficientes para abarcar y explicar toda la realidad. En todo caso, la epistemología es indispensable para asegurar un análisis correcto de los datos y una interpretación que dé cuenta de la realidad. Sin embargo subsiste una discusión abierta, tal vez no tan virulenta como en el pasado, cuyos vestigios aún perduran en algunos autores ortodoxos. Las discriminaciones de uno y otro lado terminan en un diálogo estéril, como lo demuestra Noemí Luján en su trabajo. Retomando a Pierdant, cuando se habla del método cuantitativo “nos referimos generalmente al análisis y solución de problemas en cualquier área del conocimiento que utiliza herramientas matemáticas, de datos numéricos o no numéricos (cualitativos) que son susceptibles de una medición, e información numérica”. Pero cuando hablamos de métodos cualitativos entramos en un campo más emotivo, lo cual no quiere decir menos científico, donde hay un involucramiento subjetivo de parte del investigador que favorece la comprensión de las acciones de los individuos o grupos analizados de manera más profunda. Es decir, los métodos cualitativos permiten estudios a mayor profundidad, aunque con menor extensión que los cuantitativos, por lo que las generalizaciones tienden a tener diferentes alcances: unos trabajan sobre la medición, los otros sobre la comprensión. Dilema siempre presente cuando se trata de la creación de saberes en las ciencias sociales. La generalización es la pretensión de la universalización del conocimiento, de la objetivación del mismo y de la garantía de validez, afirma Raymundo Mier. Mientras que los métodos cualitativos “tratan de comprender lo social a partir de la construcción de vínculos que hacen viva y patente la condición de otredad radical de aquellos a quienes queremos comprender”. La investigación requiere establecer vínculos con los otros, integrarse en su esfera de sentido y someterse a sus condiciones, al tiempo que los otros se inscriben en la esfera de sentido de quien busca comprender y, en esa medida, transfigurar de manera indeterminada las condiciones de su propia identidad. Eso nos separa para siempre de los físicos y de las ciencias duras. Nos aparta de los imperativos, las exigencias y los métodos de la relación sujeto-objeto y nos coloca en una relación sujeto-sujeto. En este sentido se producen las paradojas de la investigación, las objetivantes y las que buscan comprender la génesis de lo social a partir de la composición normada de formas de interacción dual. Por ello los métodos cualitativos establecen una relación intersubjetiva sujeto-sujeto dialógica en el proceso de construcción del régimen simbólico en los procesos de atribución y asunción del sentido que trastoca, según Mier, todo el juego de percepciones y nominaciones, y someten a los procesos sociales a los tópicos de la comprensión, a una condición totalmente ajena a todo régimen de cuantificación. Esa condición abierta y dispuesta a lo contingente cancela toda petición de garantías. No hay verificación “no subjetiva” de los “datos”, no hay respetabilidad. Porque el conocimiento de lo social se inscribe en el ámbito de la creación y de la intervención, es decir, en el ámbito de la política, la ética y la estética. Por ello mismo, investigar es un arte. Bajo esta perspectiva podemos considerar a la investigación cualitativa como una alternativa a la investigación cuantitativa. No se opone, no la niega, se puede servir de ella en determinado momento y combinar ambas formas de investigación en aras de la explicación de la realidad. Sobre todo si tomamos en cuenta la argumentación de Mier en el sentido de que las teorías son matrices potenciales de inteligibilidad, es decir, de posibles interpretaciones.

Método y Técnicas de recopilación de información

En un tratado como el que aqui se presenta, no podíamos eludir este problema que desde el punto de vista epistemológico es central en la discusión de los procesos investigativos ya que con frecuencia se confunde el método con el uso de las técnicas. Esta confusión es producto de la ausencia de pensamiento epistemológico y de la creencia de que siguiendo el método fielmente se llegará a la verdad —verificable, objetiva y cuantificable, y lo que es más, repetible por cualquier investigador que siga los mismos pasos—. Y esto sólo se logra recurriendo a las técnicas de investigación. Para aclarar esta confusión es necesario revisar lo que es la metodología, el método y las técnicas de recolección de datos. Conviene notar que decimos “técnicas de recolección de datos”, no “técnicas de investigación”. En la realización de la investigación se requiere seguir un método con su marco teórico de referencia propio; las técnicas son instrumentos para recuperar la información.

La metodología es la ciencia que estudia el conjunto de métodos que rigen una investigación científica o una exposición doctrinal de manera que establezca las condiciones de construcción de conocimientos que den cuenta, aunque sea de manera parcial, de una realidad objeto de estudio de acuerdo con el método utilizado. Sin embargo, no debe confundirse con la epistemología, que se ocupa de ver la relación de adecuación estrecha entre la aplicación del método y las técnicas utilizadas para recuperar información, así como de la lógica del análisis de los datos a la luz de una matriz teórica de referencia que posibilita su interpretación. La metodología se ocupa de buscar estrategias para aumentar el conocimiento. La epistemología se encarga de analizar y verificar la lógica de la relación teoría-práctica en la construcción de conocimiento válido. Por ello la metodología implica una toma de posición teórico-epistemológica para la selección del método a seguir dependiendo del problema a investigar. En otras palabras, la metodología constituye una etapa específica que procede de una posición teórica y epistemológica para la selección de un método específico y técnicas concretas para la investigación.6 La metodología, entonces, depende de los postulados que el investigador cree que son válidos, ya que la acción metodológica será su herramienta para analizar la realidad estudiada.

El método se concibe como la concepción lógico-matemática que se tiene sobre la realidad y la manera de abordarla. Un método científico, por su parte, es el procedimiento o sucesión de pasos seguidos por una ciencia para alcanzar conocimientos válidos que puedan ser verificados por instrumentos confiables. Podría decirse que el método es el conjunto de pasos lógicos que permite que el investigador pueda reconstruir la realidad analizada sin tener que renunciar a su propia subjetividad. Implica una visión de la realidad, un corpus conceptual y una manera de hacer. Por lo tanto, las técnicas no pueden ser el método. El recurrir a una u otra técnica para recabar información dependerá del tipo de investigación, del tipo de información que se necesite: cuestionario, entrevista, observación directa, participante, observación etnográfica, historia oral, análisis documental, análisis del discurso, de contenido. La investigación participante constituye una modalidad cuya técnica implica reflexividad y espíritu crítico y apertura por parte del investigador, sobre todo para establecer el diálogo con el otro, tomando en cuenta, no sólo las diferencias que puedan existir, sino las semejanzas, ya que es un diálogo entre dos sujetos pensantes, con sentimientos propios y subjetivos. En este sentido, Noemí Luján afirma: “La escucha y el diálogo como dispositivos para la construcción de datos sociales tienen implicaciones epistemológicas y éticas muy relevantes que intervienen en las razones por las cuales el investigador elige una u otra alternativa metodológica”. Esperamos que la lectura de estos textos facilite el aprendizaje del difícil Arte de Investigar a los estudiantes universitarios, suscitando en ellos el espíritu científico, crítico y creativo que contribuya a la solución de los problemas que enfrente el país en los diferentes campos del saber.


Resuelve las siguientes preguntas.

1-¿Cual es la importancia de investigar ?
2-¿Cual es la diferencia de la investigación cualitativa y cuantitativa?
3-¿Cual es el método mas apropiado para la recopilación de información ?
4-Explique lo que afirma Noemí Luján “La escucha y el diálogo como dispositivos para la construcción de datos sociales tienen implicaciones epistemológicas y éticas muy relevantes que intervienen en las razones por las cuales el investigador elige una u otra alternativa metodológica”
5- Explica el interrogante que hace Gerardo Ávalos en su trabajo: “¿Es la forma social producto de la mente genial del filósofo, pensador o científico que la concibe y la comprende o, antes bien, es un resultado histórico, encarnado, por decirlo así, en el pensamiento de un individuo concreto de carne y hueso?”